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Por Alfonso Ricardi – 3 de mayo 2016

Al final todo se reduce al título del (recomendable) libro de Andrés Oppenheimer: Crear o Morir.

Los países ya no pelearán por materias primas, pelearán por talento. La creatividad, la innovación es lo que hará que los países puedan crecer.

Innovar será la regla, ya sea en forma de productos o de procesos, y mientras países como Estados Unidos, Corea del Sur o Israel parecen estar haciendo las cosas bien, América Latina y el Caribe avanzan lento en este tema, pero como bien menciona Oppenheimer, talento sobra en la región.

La pregunta entonces es, ¿cómo impulsar este talento y lograr que América Latina y el Caribe prosperen con la innovación? Cinco claves. 

1. Crear una cultura de innovación

De nada sirve que exista una mejor educación, estímulos fiscales o facilidades burocráticas para innovar si no hay una sociedad que los apoye, que los motive, que permita que se desarrolle su potencial, concluye Oppenheimer.

La innovación debe ser estimulada, y hasta glorificada, para que este camino se vuelva en realidad atractivo para las personas.

Esto significa permitir tomar riesgos,  permitir fracasar, sin estigmatizar a aquellos que fallan, para así poder aprender de estos fracasos, pues estos nos acercan al éxito.

“El hecho que fracase un emprendimiento no significa que fracase un emprendedor”, escribe Oppenheimer, y desde niños se debe inculcar todas las bellezas y realidades del mundo de la innovación, para llegar a tener lo que el autor señala como el “Messi de la ciencia”.

Para lograr crear una cultura de innovación toda la sociedad juega un papel importante en la generación de admiración y pasión por el tema, por ejemplo, impulsando premios para innovadores o dando mayor difusión a historias de estas personas, a través de medios masivos y redes sociales. Claro, buscando siempre ser objetivos y dando visibilidad a innovaciones e innovadores que verdaderamente están transformando el mundo.

2. Fomentar la educación para la innovación 

Desde niños se piensa que ciencias e ingenierías son aburridas, y es por que usualmente se enseñan de una forma tediosa que deshace la pasión que se pueda generar por estas materias.

Este enfoque tiene que cambiarse, haciendo de las ciencias e ingenierías un tema fácil y divertido de entender para todas las personas, pero principalmente para los niños, pues es durante esta etapa que se puede cultivar la pasión hacia algún tema de una forma más sencilla.

Una de las formas de lograrlo es promoviendo a que los niños (pero también empresas) se hagan las preguntas correctas, de acuerdo a Oppenheimer.

No pensar en ¿cuál es la respuesta de este problema en específico? sino en ¿para qué tengo que resolver este problema? ¿cuál es la meta final?

3. Derogar las leyes que matan la innovación 

Iniciativas como Empresas en un día y con costo cero en México (ya aprobada como ley) son un ejemplo de trabajo para impulsar la innovación facilitando los procesos burocráticos. Sin embargo, aún queda trabajo en otros países de América Latina y el Caribe en los que piden más de 10 trámites para poder iniciar una empresa.

Tanto abrir como cerrar empresas debe ser lo más fácil posible, ya que, por un lado no se tarda en echar andar una idea y por el otro, se tiene la facilidad de levantarse rápido de una caída.

Aunado a esto, es importante para países que busquen promover la innovación combatir la piratería de forma efectiva, pues ésta tiene el poder de matar ideas.

“Cuanto más temor hay de que a uno le roben la idea, menos incentivos hay para tratar de convertirla en realidad”, escribe Oppenheimer.

4. Estimular la inversión en innovación 

2.4% de la inversión mundial en investigación y desarrollo (ID) es hecha por América Latina y el Caribe, y esto se concentra casi en su totalidad en tres países (México, Brasil y Argentina). En total, la región realiza mil 200 solicitudes de patentes por año ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), de acuerdo al autor.

37.5% de la inversión mundial en ID corresponde a Estados Unidos y Canadá. El primero de los países registra 57 mil solicitudes de patentes al año ante la OMPI. 

Mayor inversión en ID se debe traducir en más inventos patentados, más productos nuevos en el mercado y mayor probabilidad de mejorar la situación económica. 

El problema de la región es, según Oppenheimer, que la mayor parte del dinero lo pone el gobierno mediante universidades públicas y no empresas privadas. 

Esta últimas tienen también que invertir en ID, aportar su conocimiento del mercado para facilitar la inclusión de innovaciones, pero también tienen que aprender a tomar riesgos, a ser inversionistas de riesgo y a entender que no hay innovación si no se arriesga. 

5. Globalizar la innovación 

¿Qué pasa con los futbolistas de la región? Los mejores juegan en los mejores clubes del mundo pero regresan a jugar constantemente con sus selecciones.

Esta analogía que usa el autor ilustra perfectamente lo que se debe hacer también en cuestión de innovación: pasar de pensar en fuga de cerebros a circulación de cerebros.

No se debe tener miedo a que los innovadores de la región vayan a otros países y se preparen, pero hay que darles las facilidades para que también puedan regresar (como los futbolistas) a sus países a difundir su conocimiento e implementarlo. 

Del mismo modo también se puede “importar” innovadores de otros países e invitarlos a que desarrollen proyectos e inspiren a otras mentes (ganancia de cerebros). 

“Lo que no falta en América Latina y el Caribe es talento, creatividad y audacia”, dice Oppenheimer. 

 

¿Cuál es nuestra meta como región? ¿Crear o morir? 

Te invitamos a que si tienes la oportunidad adquieras y leas este libro, no te vas a arrepentir. 

 

 

 

 

 

 

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