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Por Alfonso Ricardi – 5 de septiembre 2016

Jenny había adquirido, a través de una financiera, algunas máquinas de coser para iniciar un pequeño negocio.

Poco sabía ella que al crecer los niveles de inseguridad en Nuevo León, su hijo de 18 años se enlistaría en el ejército, y que, en uno de los enfrentamientos entre ejército y criminales perdería ambas piernas.

Este suceso obligó a Jenny a acompañarlo a la Ciudad de México para pasar por un proceso de recuperación de 3 meses, 3 meses en los que ella no pudo cubrir los gastos de sus máquinas.

Pero esto no era todo lo que le iba a pasar, pues al regresar a su hogar, ella descubrió que su esposo la había abandonado. La carga emocional y económica simplemente era devastadora.

Jenny decide hablar de su situación con Gabriel Rivera y su equipo, de la financiera que le había proporcionado sus máquinas de coser, quienes, conscientes y sensibles de la situación deciden hacer “borrón y cuenta nueva” para que Jenny pudiera volver a trabajar.

Hoy en día, ella sigue trabajando, sacó adelante a sus hijos, tiene más personas que la ayudan, su negocio va creciendo, y esto con un simple activo como lo es una máquina de coser.

Como estas historias hay más en la memoria de Altitud Sofom, una organización que más que financiar, promueve el potencial empresarial de las personas, sin importar su situación.

Los turistas sociales 

Gabriel no duda en nombrarse como turista social al recordar los años antes de fundar Altitud Sofom. Él ya se dedicaba a apoyar a emprendedores de escasos recursos trabajando para una asociación civil, pero en sus tiempos libres el se dedicaba a conocer Nuevo León.

Los fines de semana eran aprovechados para conocer los municipios rurales del Estado. Él llegaba a los municipios tocaba puertas y preguntaba acerca de las actividades del municipio, las necesidades locales y lo que le resultara interesante de la comunidad.

“Muchas veces como emprendedor ves una necesidad porque fuiste a Chiapas o porque tuviste la oportunidad de ir a África, pero creo que lo importante es ver cuáles son tus necesidades locales, en dónde estás y de qué manera puedes mejorar”, dice Gabriel.

Crédito de imagen: altitudsofom.com

Gabriel Rivera, fundador Altitud Sofom

“Jamás en mi vida sabía cómo hacer una prenda” 

Si bien ser turista social le daba a Gabriel una comprensión de necesidades locales, no fue hasta que en municipios como Zuazua, Marín e Higueras, pudieron platicar y conocer las historias de mujeres que se dedicaban a la cuestión textil.

“Jamás en mi vida sabía como hacer una prenda”, no duda en bromear.

Al conocerlas descubrieron un ciclo que había que romperse: las mujeres que se dedicaban a hacer prendas no tenían máquinas de buena calidad, y para conseguir alguna de éstas dependían de intermediarios, quienes las vendían a precios altísimos y que además ponían condiciones para usarlas.

Viendo esto, Gabriel y su equipo desarrollaron un modelo financiero sostenible en donde ellos otorgaran el activo (máquina de coser) de buena calidad, nuevo, con soporte técnico, garantía, que pasara a ser propiedad del cliente y que fuera más económico que lo que pagaban con el intermediario.

“Lo importante de manejar este modelo económico es que también hacemos responsables a las personas”, platica Gabriel. “Antes trabajábamos con fondos perdidos donde le regalamos las máquinas a las personas, y no funciona, todo lo que nos regalan nunca le damos el valor que necesitamos, entonces por eso surgió este esquema”.

Este modelo de dar el activo en lugar de dar dinero estaba comenzando a tener éxito, pero esto no detuvo al equipo de Altitud, y ya que las mujeres tenían la máquina de coser, decidieron crear alianzas con instituciones educativas para capacitarlas a crear y confeccionar diferentes prendas.

Gabriel recuerda que en este primer esfuerzo había un doble impacto, pues estudiantes y maestros conocían la realidad del sector textil en Nuevo León, y los clientes de Altitud recibían capacitación gratis, lo cual se traducía en mejores condiciones.

De este esfuerzo, el equipo se movió para encontrar alianzas que se vieran reflejadas en trabajo para sus clientes, encontrar empresas que aprovecharan el talento local, en lugar de estar desarrollando sus productos lejos del Estado o el País.

“Con toda la globalización y con toda la tecnología que hay, porqué no podemos reducir esa brecha, donde la ropa que se venda en tienda la hagan directamente mujeres de escasos recursos en su casa, cuidando a sus hijos, sin tener que salir, y que reciba una ganancia significativa por lo que se venda esa ropa en mostrador”, expresa Gabriel.

Esto dio pie que se iniciara una búsqueda de emprendedores del sector textil que estuvieran dispuestos a darle una oportunidad a los clientes de Altitud. La aventura llevó a encontrar unos emprendedores de California, Estados Unidos, quienes después de varias pruebas quedaron encantados con el trabajo de los clientes de Altitud, lo que hizo que el enlace comercial comenzara y se mantuviera.

Crédito de imagen: altitudsofom.com

Más allá de lo textil 

Si bien la industria textil fue la que catalizó la creación de Altitud Sofom, una vez que el modelo de la organización estaba funcionando, el paso necesario era llegar a otras industrias en las que este modelo pudiera resolver su problemática.

Con el mismo proceso: conocer las necesidades de la industriar, dar a conocer los beneficios del modelo, crear una red de proveedores y empezar a apoyar a emprendedores; el equipo de Altitud se adentró en la industria de alimentos.

Uno de los ejemplos que menciona Gabriel es que se acercaron con las tiendas de abarrotes y con el modelo de Altitud encontraron una forma en que éstas pudieran ofrecer un valor agregado para no perder clientela con cadenas comerciales más poderosas.

La solución vino con servicio a domicilio por parte de las tiendas de abarrote y Altitud facilitando el activo: motocicletas.

Y así existen modelos para gente que quiera adquirir un food truck, refrigeradores, vitrinas, máquinas de hielo, hornos, etc… Ya no solo máquinas de coser.

El modelo de Altitud 

Al entrar a las oficinas de Altitud esperarías ver un equipo gigantesco, sin embargo, el equipo se reduce a solo cuatro personas.

“El modelo tradicional de microfinancieras es tener 20 mil personas para conseguir dinero, eso no nos gusta, no es nuestro fin conseguir dinero, es una herramienta”, explica Gabriel, “entonces el esquema que tenemos es a través de los proveedores, la parte comercial no es aquí (en las oficinas)”.

La mayoría (70%) de los clientes provienen de la red de proveedores. En los establecimientos de estos cuentan con publicidad e información del trabajo de Altitud, una vez que el cliente llega y muestra interés de un activo, el proveedor le recomienda el esquema de Altitud y ahí inicia un proceso de análisis para otorgar el activo y establecer el monto y método de pago.

Otra de las formas en que logran atraer clientela es mediante los cursos gratuitos que ofrecen, pues enseñan a personas a hacer alguna cosa en específico y a manejar algún tipo de máquina, posteriormente la persona se interesa en seguir haciendo la actividad del curso y pide una máquina, lo cual da inicio al proceso de entrega de activo de Altitud.

“Desde un principio le entregamos (al cliente) su tabla, para ver exactamente cuánto tienen que pagar. Además, tenemos un sistema donde nos evalúa la capacidad de pago para el crédito, luego hacemos un comité de crédito donde se analiza de manera personal cada caso y de ahí ya tomamos la decisión de apoyarlo o no”, platica Gabriel.

Si la respuesta es positiva Altitud está en constante comunicación con el cliente para dar soporte técnico, ofrecer cursos, crear enlaces comerciales, o lo que sirva para lograr que este pequeño emprendedor logre crecer.

Crédito de imagen: altitudsofom.com

Los jueces y los retos 

“Los primeros jueces de nuestra idea tenemos que ser nosotros”, dice Gabriel a la hora de preguntarle por los retos que ha experimentado la organización. “Yo comparo la cuestión de ser emprendedor con una relación de pareja: los primeros años todo es amor, todo le ves el lado positivo, todo es armonía, y en el negocio es igual, nunca le ves nada malo a tu idea de negocio, pero te casas y empiezas a ver una realidad, ya va enserio y ahí es donde viene la parte interesante”.

6 años desde su fundación implican muchísimos retos, pero dada la naturaleza de la organización el mayor  reto era conseguir la materia prima: dinero, y éste llegó de una manera muy peculiar.

Uno de los socios vive en Estocolomo, Suecia, ahí se desarrolló una promotora de inversión con la cual se invitó a inversionistas locales a apoyar el proyecto de Altitud, y con este mecanismo se pudo invertir y levantar la organización.

Otro de los retos a los que se ha enfrentado la organización radica en la cuestión de las regulaciones por parte de gobierno, pues cada nueva administración las regulaciones se vuelven más fuertes, llegando a regular a Altitud igual que a un banco normal. 

Sin duda esto les ha quitado tiempo y ha frenado el crecimiento de la organización, pero esto no hace que Gabriel se arrepienta, pues ve en esta dificultad la oportunidad de tener un respaldo que hoy en día los avala como una institución totalmente transparente. 

¿Cómo mide Altitud el impacto? 

Altitud otorga activos, capacitaciones y enlaces comerciales, de esto existen estadísticas que permiten a la organización llevar el registro del impacto que están teniendo con sus clientes. 

Por ejemplo, una de las áreas es el incremento del ingreso; de acuerdo a Gabriel, el 80% de sus clientes regresan a Altitud. 

Cuando esto sucede se realiza una entrevista en donde se evalúan los ingresos, y si vuelve a regresar se vuelve a evaluar los ingresos. Esto arroja estadísticas como un aumento de 30% en ingresos por año. 

Otro de los aspectos en que se enfocan es la generación de empleo, y esto se hace dentro de la misma entrevista. 

“Cada persona que nosotros apoyemos genera 3.5 empleos”, dice Gabriel, “entonces hoy en día tenemos como mil 40 empleos generados gracias a nuestros clientes”. 

Crédito de imagen: altitudsofom.com

Éxito y futuro 

Si en una palabra se pudiera definir el éxito de Altitud sería perseverancia. 

Todo emprendedor debe saber que habrá fricciones, baches, y se tiene que preparar para que esto no los desanime. 

“Somos agentes de cambio, somos personas que queremos corromper el sistema en que estamos trabajando”, platica Gabriel. 

Esta pasión y modelo se busca que llegue a más municipios en Nuevo León, pues hoy en día atienden 22 de 51, y una vez que esté fuertemente posicionado en el Estado, llegar a más Estados del país.

“Hemos visto que este modelo funciona”, expresa Gabriel.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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