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por César Cossío – 6 de marzo de 2017

En nuestra entrada anterior habíamos platicado un poco acerca de las condiciones a las que se enfrenta Latinoamérica en temas de la base de la pirámide, un mercado de 759 billones de dólares según el BID, compuesto por 405 millones de personas.

De ahí describíamos la gran oportunidad que es desarrollar proyectos o innovaciones que pudieran, además de elevar la calidad de vida de este sector, abrir mercado y encontrar ganancias con un segmento que usualmente no es atendido de la mejor manera.

“¿Cómo le hacemos para aumentar la inversión de impacto en Latinoamérica?”, fue la pregunta que sirvió como tesis en aquella entrada, en la cual nos enfocamos principalmente en el lado de los inversionistas y los aspectos que ellos buscan a la hora de invertir en proyectos o emprendedores que puedan impactar socialmente y que generen dividendos económicos.

Al desarrollar esta segunda parte nos concentramos ahora en el rol de los ejecutantes y de los actores que crean e intervienen directamente con estas comunidades.

Estas reflexiones forman parte de los aprendizajes del 7º Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto (FLII) organizado por New Ventures.

Comunicar mejor el proyecto y su impacto

11 empresas que forman parte del programa I3 Latinoamérica de New Ventures tuvieron la oportunidad de pitchear en este evento.

No quedaba duda que eran proyectos muy buenos, pero si algo los caracterizaba, fuera de que eran empresas que estaban creciendo y estaban teniendo un impacto considerable, era la forma en cómo comunicaban su proyecto, y ésta era por medio del storytelling.

Esta herramienta, de la cual hemos platicado en otras ocasiones, representó para las empresas una gran manera de comunicar no solo el impacto y las ganancias que estaban teniendo, sino también por qué hacían lo que hacían, a dónde querían llegar, las historias únicas que había de sus beneficiarios y cómo su proyecto había impactado para mejorar su calidad de vida. Esto sin duda ayudó a generar empatía con el proyecto.

Cada organización cuenta con alguna historia para contar, y sin duda, el cómo se usan representan un gran componente de comunicación y para cumplir sus objetivos.

El impacto también parte de usar y recanalizar los recursos existentes 

No fue precisamente un tema que se abordara directamente, sin embargo, fue curioso encontrar que la forma de actuar de algunas organizaciones, y por consiguiente su impacto, partía de cómo volver a usar los recursos que ya existían.

Provive, por ejemplo, basa su negocio en adquirir y reparar casas que han sido abandonadas con el objetivo de recuperar y fortalecer comunidades.

Kubo financiero, con su plataforma de crowdfunding, permite a proyectos acceder a capital menor al de una inversión de impacto para crecer sus proyectos.

Micromentor con su red de voluntarios que ayudan a emprendedores en su crecimiento y Aula Amigas capacitando a los mismos profesores para que brinden mejor educación en Colombia. Así como estos, probablemente habrá muchos más que nos faltan por conocer.

Todo esto podría formar parte de la shared economy, pero también forma parte del contexto que el impacto no debe partir simplemente de crear, sino de reusar los recursos ya disponibles.

Innovaciones e impacto en el sector educativo 

“En el mercado hay pocas startups que innoven en educación”, fue una de las frases más contundentes que se escuchó quizás en todo el FLII y que derivó sobre explorar de manera concisa el desarrollo de las capacidades educativas que debe tener la población.

Los expositores entablaban que ahí existían grandes oportunidades de innovar, ya que el estado había dejado de ser un actor eficaz para educar a la población, ya sea en cupo o modelo, y por lo tanto provocaba que muchos jóvenes y graduados llegarán poco o cero preparados para competir en un mercado cada vez más exigente.

Con proyectos como Collective Academy, que prueba con modelos de maestría online-presencial con el cual los alumnos también pueden tener experiencia directa en las empresas. Aulas Amigas, que empodera a profesores para que desarrollen y eduquen mejor a los niños, o FINAE, que brinda créditos educativos accesibles para las clases de bajos ingresos para que estudien en universidades privadas.

Ellos demuestran que sí es posible innovar en el sector educativo y convertirse en un actor eficaz. 

Mejorar y estandarizar las métricas de impacto 

En más de una ocasión se argumentó que la forma en cómo se mide el impacto no era la correcta por dos razones específicas. La primera era porque usualmente lo que se medía eran resultados, por ejemplo, beneficiarios y no particularmente el impacto, y segundo, porque el hacerlo conllevaba una gran gestión y uso de recursos.

Al buscar una inversión de impacto, la organización o el emprendedor debe tener bien claro estas dos razones antes de buscar inversión o en la venta de un proyecto.

El uso de métricas o benchmarks establecidas por proyectos similares en otros lados puede ser un primer paso para ver qué impacto es el que logra determinada ‘acción’. Para la medición, el uso de la tecnología, por ejemplo, con encuestas en línea o a través de mensajes de texto, pueden llevar a un menor despliegue de recursos humanos en donde se va a conocer el impacto que ha tenido cierto programa sobre el beneficiario.

 

Por supuesto, estas son solo algunas prácticas de las muchas más que nos podrían ayudar. ¿Cuál más agregarías tu, #changer?

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