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por Karla Gaytan – 3 de marzo de 2015

Nunca había prestado mucha atención a la importancia de hacer listas o a la forma en que las hacía (muy de vez en cuando) hasta que vi la película Alta Fidelidad, y descubrí que las listas podían ir mucho más allá de ayudarme a recordar mis tareas, mis pendientes, mis compras, etc. Empecé a verlas como algo más que un registro de las cosas que quiero o las cosas que tengo que hacer; pase de hacer “listas prácticas” a hacer “listas personales”, las cuales resultaron ser una herramienta útil para entenderme —y conocerme—mejor.

Tengo muchas cosas en la cabeza. Muchas cosas que aprender. Muchos intereses. Opiniones. Ideas. Sentimientos. Confusiones. Miedos. Películas favoritas. Escenas de películas favoritas… Pero no tengo suficiente claridad mental para tener todos mis pensamientos guardados en compartimentos perfectamente organizados; la mente no es una biblioteca perfectamente indexada.

Una buena lista puede ser entonces, para mí, el índice perfecto de una serie de pensamientos, sentimientos, emociones, o cualquier otra cosa que, como ser humano, llevo dentro mí. Esto es muy útil porque: 

1) me permite darme cuenta de qué estoy pensando o sintiendo en un determinado momento, 

2) me ayuda a organizarlo para poder llegar a comprenderlo, y 

3) me ayuda a registrarlo de una manera ordenada para tenerlo siempre al alcance.

En “Zen en el arte de escribir” de Ray Bradbury, cuenta que, cuando tenía veinte años comenzó a hacer “listas de sustantivos” como un método para generar ideas para escribir. Afirma el autor que estas: “Eran provocaciones, en última instancia, que hicieron aflorar mi mejor material. Yo avanzaba a tientas hacia algo sincero escondido bajo el escotillón de mi cráneo”.

Posteriormente, en una entrevista hecha por Sam Weller para The Paris Review, Bradbury habla de nuevo sobre estas listas, y explica que fueron éstas las que lo ayudaron al principio de su carrera a extraer de su inconsciente ese material que estaba escondido en su cabeza. Dice el autor: 

“Entonces todo esto está en tu mente, como un abono fantástico, y tú tienes que sacarlo. ¿Cómo haces eso? Yo lo hice haciendo listas de sustantivos y luego preguntándome, ¿Qué significa cada sustantivo? <Al entrevistador>Puedes ir y hacer tu propia lista ahora mismo y sería distinta a la mía. La noche. Los grillos. El silbato del tren. El sótano. El ático. Los tenis. Los fuegos artificiales. Todas estas cosas son muy personales. Luego, cuando has anotado la lista, empiezas a hacer asociación de palabras con ella. Te preguntas ¿Por qué escribí esta palabra? ¿Qué significa para mí? ¿Por qué escribí esta palabra y no otra? Haz esto y estás en el camino para convertirte en un buen escritor”.

Bradbury habla sobre la utilidad que presenta su método de las listas de sustantivos para un escritor; yo propongo que el método es útil no sólo para aquél que quiere escribir ficción, sino para aquél que quiere conocerse a sí mismo (que es uno de los principales frutos de la escritura). No me refiero exclusivamente a las listas de sustantivos, sino a todas las listas que, como éstas, son personales y nos ayudan a acceder a nuestra mente e inconsciente.

Entonces, propongo hacer listas personales para conocernos a nosotros mismos. Enlistar todas las cosas que nos causan confusión, que nos hacen sentir mal o bien (olvidar los malos pensamientos, recordar los buenos), las que nos gustan o nos disgustan (reconocer lo que te gusta te puede ayudar a decidir lo que te gustaría o no te gustaría hacer), para entendernos mejor.

Bien podríamos hacer una lista personal, por ejemplo, sobre “Mis pensamientos más recurrentes” y, una vez que los saquemos de la cabeza, hacer las preguntas que establece Bradbury —¿Por qué escribí esto? ¿Qué significa para mí? ¿Por qué puse esto y no otra cosa?— esto podría darnos respuestas reveladoras sobre nosotros mismos. El método puede ayudarnos entonces a ser no sólo mejores escritores, sino mejores personas.

Ejemplos de estas listas: “Malos hábitos que me dañan”, “Cosas a recordar para sentirme mejor”, “Cosas que me hacen sentir bien”, “Pensamientos negativos recurrentes que no son racionales”, “Escenas favoritas de momentos de éxito en películas”… En las listas de esta índole, no tiene que haber un top 5 o un top 10, el número es en realidad arbitrario. De hecho, muchas veces en estos casos, empezar una lista sin enumerar es mejor; nos da la libertad necesaria para empezar a escribir y sacar lo que tenemos que sacar, para poder vernos realmente. Si logramos conocernos a nosotros mismos se vuelve mucho más fácil tomar decisiones, establecer nuestros propósitos y alcanzar nuestras metas. Y hay menos probabilidad de terminar en 40 años en un lugar en el que no queríamos estar.

Otro gran ejemplo de lo que llamo “lista personal”,  es la lista de “Top 5 most memorable break-ups” que hace el personaje de Rob Gordon (John Cusack) en Alta FidelidadMientras está atravesando por una ruptura amorosa, Rob, dueño de una tienda de vinilos y entusiasta de las listas de Top 5, empieza a hacer su lista de rupturas como una especie de estrategia de enfrentamiento para poder sobrellevar la crisis de su actual relación amorosa (y me atrevo a decir que de paso su crisis de los 40). Al ir enlistando a sus amores más memorables, Gordon se va dando cuenta de cómo es y quién es realmente; puede ver y analizar las situaciones y a las personas, especialmente a sí mismo, de una manera distinta. Se da cuenta de lo que quiere en verdad, de lo que nunca quiso, y del miedo que siempre tuvo a comprometerse y tomar decisiones. Hacia el final de la lista, y de la película, Rob finalmente logra articular esto: “Ahora veo que nunca decidí atarme a Laura. Siempre tenía la puerta medio abierta. Lo cuál me impidió hacer muchas cosas como pensar en mi futuro. Me parecía lo más lógico, no atarme nada. Tener muchas opciones. Y eso es un suicidio…de centímetro a centímetro”.

Una buena lista muchas veces te puede ayudar a impedir eso precisamente: el suicidio de la indecisión. Esa indecisión impulsada por la confusión que se pude crear en nuestra mente, gracias a la corriente perpetua de nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, etc. Enlistar te ayuda a controlar esta corriente, a no dejar todas tus opciones abiertas, te obliga a pensar en tu futuro, a articular quién eres y por qué haces lo que haces; porque, sí, vivir a la deriva de esta corriente es matarse poco a poco.  

 

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