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Por Rodrigo Quintero  – 2 de octubre de 2018 

50 años han transcurrido desde los trágicos eventos del 2 de octubre de 1968, es pertinente replantearnos, ¿cuáles fueron los hechos? ¿cuáles son los efectos de esa tímida iniciación ciudadana? ¿la narrativa persiste dentro de nuestro imaginario colectivo? ¿es sinónimo de reivindicaciones para nuestros jóvenes? ¿seguimos padeciendo sus mismas consecuencias sin cumplir sus anhelos?

Recuerdo una clase por ahí del 2011, todavía era estudiante – por cierto, eran las de tronco común- me encontraba estudiando en una Universidad regiomontana privada ubicada en San Pedro Garza[1]. Y un profesor que claramente consciente de lo ocurrido en esos años (por aquello de su edad), fue cuestionado por un alumno de intercambio:

– ¿Cuál es su lectura a 43 años de los acontecimientos?, sin inmutarse contestó

– “Fue necesario, el gobierno no podía perder el control por fuerzas comunistas que controlaban a los estudiantes”

Ante mi incredulidad en su respuesta comencé a observar las reacciones de mis compañeros[2].Todo parecía en calma con un estado de aletargamiento preocupante en jóvenes de entre 19 y 21 años. No lo estaba diciendo el asesino del general Marcelino Barragán o el muerto en vida del expresidente Echeverría, venía de un doctor en una institución académica, de esas mismas que fueron violentadas y reprimidas durante los acontecimientos.

Hace unos meses tuve la oportunidad de asistir a uno de tantos conversatorios que se realizan en Ciudad de México sobre el 68, en aquella ocasión el Dr. Genaro Estrada, ex miembro del Comité Nacional de Huelga (CNH), mencionó algo así como, “el 68 se recuerda por su trágico final pero no se recuerda por el sentimiento de unión, de fiesta, de esperanza que representaba una sociedad y una juventud despierta”… “un reduccionismo perverso y morboso”, aseguraría Marcelino Perelló[3] en su texto.

Así fue. El “no se olvida” debería de dirigir sus esfuerzos a contar que hubo un momento en la historia de nuestro país donde el presidencialismo atacó directamente a sus ciudadanos, universidades, intelectuales y sectores populares utilizando todos los medios coercitivos a su alcance, desde las tribunas del Estado hasta a sus fuerzas armadas, por el hecho de exigir diálogo.

Tal vez el mayor error de las lecturas post-68 es creer en lo insólito del evento; si bien la anomalía eran la huelga y las demandas, la norma hasta el momento era la represión. Para muestra teníamos los acontecimientos sufridos por los normalistas, los ferrocarrileros, los telegrafistas y los petroleros en 1958, y con estos se acababa el ciclo de las demandas sindicalistas en torno a las luchas restitutivas, el partido único refrendaba su dominio. El fin de la idea romántica revolucionaria

llegaba en 1960 con el encarcelamiento de David Alfaro Siqueiros y el asesinato de Rubén Jaramillo[4] por parte de las fuerzas armadas.

El 68 se puede interpretar como un fenómeno global, y para hablar del 68 se tiene que entender la los sesentas.  El análisis podría comenzar con el asesinato de Kennedy y terminar con el de Martin Luther King, con el triunfo de la revolución cubana y terminar con las bombas sobre el Palacio de la Moneda, o bien con el mayo francés y acabar con el octubre mexicano. Los sesentas son Vietnam, son los movimientos por la descolonización, son las guerrillas marxistas, son los derechos sociales y de minorías, son el éxtasis, son los rebeldes sin causa, son las formas de manifestar el amor y la paz, los hechos se mitifican así mismos una y otra vez, con la esperanza de volver a encontrar en ellos la pauta que nos lleve a la comprensión de nuestro presente.

La bronca 

Los acontecimientos suscitados éstos últimos días con respecto a los grupos porriles reavivan la memoria de los hechos de entonces que comenzaron con altercados entre los estudiantes de la escuela preparatoria Isaac Ochoterena, con los estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 del Politécnico, en la Plaza de la Ciudadela. Al día siguiente el pleito, se reinicia con porros[5] que agreden a los politécnicos; más tarde los de las Vocacionales atacan a los estudiantes de Isaac Ochoterena que a su vez los atacan batallones de granaderos. Los acontecimientos que pasaban como trifulca de cotidianidad encontraran más adelante el principio organizativo a partir de la indignación.

El 26 de Julio La Confederación Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED), celebraba el asalto al Cuartel Moncada[6], cuando de pronto un conjunto de porros llegó a agredirlos, llegan los policías y las agresiones se intensifican sobre este grupo de estudiantes, a la par ocurren detenciones de militantes del Partido Comunista y la ocupación de sus oficinas.

La noche del 26 de julio la Jefatura de Policía difunde un boletín en donde justifican su intervención a partir de una petición del presidente (José R. Cebreros) de la Federación Nacional de estudiantes Técnicos (FNET)- grupo ligado al priismo- [7]. El día 27 los Politécnicos emiten el primer pliego petitorio que consistía en tres puntos:

1.- Desaparición de la FNET

2.- Expulsión de los dirigentes de la FNET y de seudoestudiantes priistas

3.- Desaparición de los cuerpos represivos

*Cualquier parecido con la realidad NO ES mera coincidencia.

El 30 de julio aconteció uno des esos momentos que comienzan siendo increíbles hasta que a golpe de contundencia los asimilamos. Soldados de la primera zona militar entran a San Ildefonso, a las preparatorias 2 y 5, y a la vocacional 5; acto seguido atentan contra las instituciones de enseñanza tirando la puerta por medio de un bazucazo. Se ordena el cateo de casas y departamentos alrededor de San Ildefonso, suceden 125 detenciones, de nuevo otra justificación ahora por parte del ejército “se intervino a petición del regente del Distrito Federal, (general Alfonso Corona del Rosal) para resolver la cuestión planteada por los agitadores”.

La gran familia revolucionaria 

Para entender la carencia de sentido republicano en nuestra nación tenemos que comprender el rol que juega el presidencialismo dentro de un sistema autoritario, si al día de hoy en cada acto protocolario el mantra de inicio es, “como lo instruyó el sr. presidente”, “gracias al sr. presidente”, “así como lo solicitó el sr. presidente”, tenemos que entender que aquello en el 68 era una sumisión exacerbada.

Cualquier organización fuera de los límites de lo permitido por el aparato presidencialista era “comprada a la mala o reprimida a la buena”. Las intervenciones eran una constante en el sistema, y las Universidades que tienen como función principal la crítica y el desarrollo de la conciencia  fueron (son y serán) objeto de represión; así en 1960 el ejercitó ocupó la escuela nacional de maestros, en 1961 se dan altercados con la Universidad Nicolaíta, pero será en el 1966 cuando experimente su mayor represión, en 1967 el General Hernández Toledo ( el mismo que comandaba el batallón que tiró la puerta de San Ildefonso), en ese mismo año asesinan a profesores en un mitin magisterial en Atoyac… etc.

Como dije, el 68 sería una continuidad de ese México Bárbaro que describió Kenneth Turner, pero la centralidad de movimiento, las Olimpiadas, el peso de la máxima casa de estudios y la cantidad de alumnos entre otros factores iluminaron el verdadero rostro de la caduca revolución.

En alguna ocasión Gustavo Díaz Ordaz le dijo al director de comunicación de la Secretaría de Gobernación, “Soy Feo.” “Así soy. Al Secretario de Gobernación no solo se le debe de tener respeto sino un poco de miedo. Es saludable para el país. Soy lo suficientemente feo para que me tengan miedo”. “El mandril” (como fue apodado) comenzó su carrera ascendente gracias al apoyo de Maximino Ávila Camacho[8], quien lo convirtió en diputado federal; de ahí a senador hasta llegar a la Secretaría de Gobernación de la mano del expresidente Adolfo López Mateos.

Su pensamiento según uno de sus biógrafos giraba en torno a una preocupación, “fuerzas oscuras, extrañas, que pretenden sembrar el desorden, la anarquía y el caos”. Cuando las movilizaciones estudiantiles empezaron a transitar por las calles del Distrito Federal, el presidente afirmaba que los disturbios eran obra de conspiradores. Él aseguraba que las juventudes eran manipulables, le aterraba la idea de perder el poder, descalificaba a la prensa extranjera y premiaba con precios preferentes el papel periódico a la nacional.

Ante este escenario todos querían sobresalir frente al Sr. Presidente, era sabido que existían tres suspirantes a la presidencia de la República, y frente a la paranoia del jefazo tenían que hacer lucir su apoyo incondicional, ellos eran el Secretario de Gobernación Luis Echeverría, el Secretario de

Presidencia, Emilio Martínez Manatou y el Regente del Distrito Federal, el general Alfonso Corona del Rosal.

No obstante, el exceso de simpatías brotaba incondicionalmente a lo largo de los meses que duró el conflicto estudiantil, así tenemos las declaraciones del eterno dirigente sindical Fidel Velázquez que entre muchas de sus declaraciones reproducidas por medios mencionó “Cualquier medida que tomen las autoridades para reprimir la actual situación estará plenamente justificada y será respaldada por el pueblo, y creo que ha llegado la hora de tomarla”. De igual forma la CTM, secundó el IV informe presidencial.

Los gobernadores hacían galantería de su complicidad con eufemismos históricos “Los gobernadores de los estados compartimos con usted Señor presidente, sin reservas, la responsabilidad y las consecuencias que invocó… para que invocando al Señor Juárez esperemos serenos el juicio tremendo de la historia”[9]

La izquierda mexicana en voz de sus más aguerridos representantes del siglo XX también tenía que salir con alguna teoría conspirativa “son fuerzas en la sombra” en particular el ultraderechista MURO, La CIA, y el FBI, aseguraba Vicente Lombardo Toledano[10]

Las Honorables Cámaras por su parte se dedicaron a denostar no solamente a los estudiantes, a los intelectuales y a la conjura mundial, agredieron una de las figuras morales con más relevancia en su momento, al rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Javier Barros Sierra.  El líder priista de la Cámara muy baja, José de las Fuentes Rodríguez refiere “Estudiaré más detenidamente el texto de la renuncia, pero al enemigo que huye, puente de plata; hay que dejarlo ir”.[11]

He de reconocer que la minoría panista en la cámara se comportó a la altura de la historia como oposición. Lamentablemente una vez en el poder sus esfuerzos por enmendar el problema pasaron a ser ilusiones de una transición trunca.[12]

Y así sucesivamente cada actor del régimen, jerarcas de la iglesia, empresarios, magistrados, medios de comunicación, etc. aportaban al linchamiento apostando por acallar al enemigo en un enfrentamiento claramente desigual entre el sistema hegemónico y las instituciones de educación del país, la justificación parecía ser el temor a la “dictadura del proletariado” pero su verdadero temor radicaba en no tratar con dictaduras.

La autonomía como contención al autoritarismo 

De la misma forma en el que el medievo se materializaba en el gabinete presidencial, también la ciudadanía tuvo en voz de las mentes más lúcidas la ilustración esperada por un pueblo oprimido. No se puede entender a cabalidad la importancia del movimiento ni en buena parte el empoderamiento de los estudiantes si no es por la figura clave del exrector Javier Barros Sierra; tras

la caída del rector Ignacio Chávez, el ingeniero Barros Sierra (ilustre descendiente de Justo Sierra), empezaba su gestión con gran sospecha por parte del alumnado debido a su participación previa como Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas en el gobierno del presidente López Mateos. En 1966 el ahora rector en nombre del Consejo Universitario mencionó:

La autonomía universitaria es un principio que procede de la tradición cultural de Occidente y que hoy aceptan, aunque con distintos grados y matices, la mayoría de las naciones modernas…En nuestros días y como resultado de las tres grandes revoluciones populares, expresadas en leyes e instituciones, la autonomía universitaria es fundamental para el curso independiente y democrático para la vida de México[13].

¿Quién hubiese imaginado que el principio rector de su pensamiento sería el escudo con el cual enfrentaría al régimen de partido único?

La primera acción que toma el rector al enterarse de que las fuerzas armadas tomaron las vocacionales y el Colegio de San Ildefonso fue izar la bandera a media asta dentro de Ciudad Universitaria en señal de luto. “           La autonomía no es una idea abstracta, es un ejercicio responsable que debe de ser respetable y respetado por todos”.

El primero de agosto el rector encabeza la gran manifestación en donde marcha con los directores de las facultades, la marcha recorre insurgentes desde Ciudad Universitaria hasta Parque Hundido. Para el día 4 de agosto se hace público el conocido pliego petitorio[14] con los siguientes puntos:

1.- Libertad de los presos políticos

2.- Destitución de los generales Luis Cueto y Raúl Mendiolea

3.- Extinción del cuerpo de granaderos

4.- Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal

5.- Indemnizaciones a las familias de los muertos

6.- Deslinde de responsabilidades de los actos de represión

Por primera vez se unen la mayor parte de los grandes centros educativos del país, Guillermo Massieu director general del IPN, La Escuela Nacional de Antropología e Historia, El Colegio de México, para el 14 de agosto incluso la Universidad del Valle de México se une a la huelga, al día siguiente la Universidad Iberoamericana decreta el paro de sus actividades académicas.

Retomo aquí la importancia que tuvieron el grupo de directores que sostuvieron la moral de la Universidad durante los ataques producidos en los medios de comunicación. Entre ellos Manuel Madrazo Garamendi de Ciencias Químicas, Ramón Torres de Arquitectura, Pablo Zierold de Veterinaria, Leopoldo Zea de Filosofía, Ifigenia Martínez de Economía, Flores Zavala de Derecho, Carlos Pérez del Toro de Comercio y el secretario general Fernando Solana. Todos tuvieron una participación importante para tratar de crear una mediación entre la Universidad y la Presidencia.

Pese a los esfuerzos y tras las designaciones con la anuencia del presidente como representantes extraoficiles, son designados Andrés Caso Lombardo y Jorge de la Vega como conductores de las negociaciones con el Comité Nacional de Huelga. Negociaciones que nacieron muertas desde el principio porque era por demás sabido que nunca hubo interés alguno en dialogar con los estudiantes.

El 15 de septiembre del 68 se recuerda por el grito de Independencia que dio el ingeniero Heberto Castillo en Ciudad Universitaria frente a más de 20 mil personas. El desagravio no iba a ser perdonado. A la mañana siguiente el batallón de paracaidistas llega a CU, y comienza la toma de la Universidad. Radio UNAM deja de transmitir, 1500 personas entre directores, maestros, estudiantes y empleados son detenidos[15].

Le Monde afirma que los militares que ocuparon Ciudad Universitaria se negaron a mostrar a la prensa extranjera las “bombas molotov halladas en el campus”.

Los filósofos de la destrucción 

¡Qué grave daño hacen los modernos filósofos de la destrucción que están en contra de todo y a favor de nada![16] (IV informe de gobierno 1968)

Era conocido el aborrecimiento por parte del presidente a los intelectuales tanto nacionales como extranjeros, personas con las que nunca pudo tener coincidencias. Curiosamente se hizo rodear de algunos que sirvieron como parapete de la decadente novela revolucionaria integrada a las filas de la burocracia. Pero en general el ambiente hostil se respiraba contra las mentes renovadoras y más si estas eran de corte progresista.

Se da la curiosa casualidad que varias generaciones se entrelazaron en medio del conflicto. Por un lado, tenemos intelectuales de la generación de 1915 como Vicente Lombardo, Jesús Silva Herzog y Salvador Novo; de 1929 José Alvarado, Octavio Paz, José Revueltas, Leopoldo Zea, Fernando Benítez; del Medio Siglo, Carlos Fuentes, Emmanuel Carballo, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, y muchos otros como Daniel Cosío Villegas, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, etc.

Los grandes autores de la revolución que plasmaron el valor ulterior de la justicia social en sus textos actuaron como comparsa de la represión. La mayoría de ellos estaban dentro de las secretarías de estado, tal era el caso de Agustín Yañez, Mauricio Magdaleno y Antonio Carrillo Flores. En el otro frente encontramos autores cercanos a las causas estudiantiles como Carlos Fuentes, Fernando del Paso o Emilio Abreu, artistas como Manuel Felguérez, y José Luis Cuevas. Así como figuras en donde recaerá la centralidad de los medios de información desde perspectivas cercanas a los jóvenes, pero alejadas entre sí[17], como es el caso de Octavio Paz y José Revueltas.

Las publicaciones eran la arena de disputa y de transmisión de las ideas de todos ellos. Ante un escenario evidentemente chayotero y tendiente a la censura el espacio de opinión que quedaba

vacío fue ocupado por dos publicaciones que portaban el signo de pluralidad la revista ¡Siempre! de José Pagés Llergo y La Cultura en México.

“Servir al pensamiento obliga a superar partidismos, a desentenderse de capillas ideológicas y a saltar sobre las intolerancias…” (primera editorial de la revista Siempre).

El 19 de septiembre 308 intelectuales dirigen una carta pública al presidente de la República donde expresan como “hecho vergonzoso y anticonstitucional” la toma de C.U. La siguiente sería el día 4 de octubre cuando Nancy Cárdenas, Juan García Ponce y Héctor Valdés llevan el manifiesto de protesta de la Asamblea de Intelectuales, Artistas y Escritores al periódico Excélsior. Esa vez son detenidos y trasladados a separos.

Octavio Paz es una figura clave después del 2 octubre, es el único funcionario público que renuncia a la embajada de México en La India, en señal de protesta. Y si mi memoria histórica no falla, ningún otro funcionario público lo ha hecho pese a que masacres en nuestro país por parte del Estado han sido una constante.

También destaco el papel valiente de José Revueltas quien en su intento por evitar mayor persecución a los jóvenes se inculpó como actor intelectual del movimiento[18]. De la misma forma no olvidemos el papel cobarde de otros escritores como fue el caso de Salvador Novo, curiosamente insultado y humillado por los artistas revolucionarios en su juventud y convertido en adalid de la crónica por el autoritarismo en su vejez[19]

¡Compañeros, el espacio público es nuestro! 

Antes de 1968, o como referiría Monsiváis antes de que se estrenara la ciudadanía, el espacio público para las manifestaciones era potestad del cooperativismo hegemónico. No se podía marchar al Zócalo capitalino como hoy en día, a menos que no fuera para festejarle algo al gobierno o victorear a los héroes patrios.

El 68 también es el despertar de la capacidad de crear comunidad, es lúdico, es festivo, es confrontativo, es novedoso y esperanzador, riesgoso, ingenioso, innovador, en resumen libertario.

Los jóvenes vislumbraban un mundo menos jerarquizado y más participativo, no solamente en México sino en todo el mundo. Si los jóvenes le hacían frente al estado, ¿no se lo harían al mandato patriarcal en casa?, si eran libres ¿no lo serían también con sus cuerpos y decisiones?, si leían lo que fuese ¿serían menos manipulables? La generación del 68 rompió esquemas incluso en la tonalidad de los colores, en el falso sentido de moral. “Ahora resulta que los hombres traen pelo largo” … válgame dios directo a la fragilidad del género.

Dentro de la serie de conversatorios, mítines, protestas, conciertos, obras teatrales de protesta, y marchas; se recuerdan dos principalmente por sus características peculiares. La primera es la del 27 de agosto que va del Museo de Antropología al Zócalo, 400 mil personas se congregan; se portan pancartas con la imagen del Che Guevara y en favor del líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo.

Resuenan las campanas de la catedral, se unen sindicatos independientes, las novedades gráficas surgen, el ejército es representado como gorilas. ¡Sal del balcón hocicón! coreaba la gente al presidente. Se pedía diálogo público con las autoridades; la peor fantasía en aquel momento. Se iza la bandera rojinegra en el Zócalo capitalino. Por fin ya tenían los medios el agravio mayor… no el de los estudiantes muertos hasta el momento a mano de las autoridades – ya se contaban 32-; sino la ofensa al lábaro patrio. ¡Únete Pueblo!, coreaban las vocacionales. “Cuando todo granadero sepa leer y escribir, México será más grande”.

Al día siguiente tiene lugar una manifestación pro-gubernamental a la que llamaron ceremonia de desagravio a la bandera nacional, organizada por el Departamento Central, al sacar a los burócratas de la SEP y de la SHCP, estos empezaron a corear ¡somos borregos! ¡beee- beee! Comentan que el presidente estaba fúrico. La respuesta la hizo explícita el día del informe.

La segunda manifestación y seguramente la más recordada es la del silencio efectuada el 13 de septiembre. Su precedente es precisamente el Informe de Gobierno “No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer, lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar llegaremos”

La manifestación contó con la presencia de 250 mil personas, en esta ocasión también se unieron pobladores del pueblo de Topilejo y padres de familia. La respuesta ante la bravata por símbolos contrarios al imaginario revolucionario tuvo una contestación ingeniosa por parte de los jóvenes; esta vez no llevarían imágenes de líderes sindicales, del Che Guevara o Ho chih Minh, utilizarían a los héroes de la independencia y de la revolución para quitarle el monopolio de los significados al autoritarismo. La V de la Victoria era replicada por jóvenes, adultos, taxistas, médicos, contadores, repartidores, los unificaba y brindaba un sentido de pertenencia a la ciudadanía, cosa que los discursos añejos revolucionarios ya no proporcionaban.

2 de octubre

“Por favor, escriba, por nosotros, escriba todo lo que ha visto. Por favor, por nosotros, escriba toda la verdad” (Periodista Oriana Fallacci cuando un médico le pide en Tlatelolco que diga la verdad).

“Hago un llamado a los padres de familia para que controlen a sus hijos, con el fin de evitarnos la pena de lamentar muertes de ambos lados” (Secretario de la Defensa Marcelino García Barragán).

“Y hay que hacer esta declaración como mexicanos: preferimos ver los tanques de nuestro ejército salvaguardando nuestras instituciones, que los tanques extranjeros cuidando sus intereses…” (diputado priista Víctor Manzanilla).

“Yo creo que el buen juicio y las fuerzas morales de la gran mayoría de los mexicanos se impondrá sobre los malos designios de un pequeño grupo” (Agustín Yañez).

“No destruya para siempre el país de Hidalgo, de Juárez, y de la Revolución de la cual se dice heredero” (Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Jean Luc Godard… al presidente Díaz Ordaz).

A 50 años

La geografía de la tragedia quedó marcada entre la majestuosidad de las ruinas prehispánicas y lo que fuese el símbolo de modernidad urbanístico del momento. Centro ceremonial destinado a ver correr sangre siglos después, mientras las enormes y maravillosas puertas de la iglesia permanecieron cerradas ante la desesperación de la gente y las pequeñas puertas de las unidades habitacionales acogieron como hijos propios a los estudiantes. Es por demás comentar que la injusticia perdura hasta nuestros días, el gobierno obtuvo la victoria política, pero el relato nos pertenece y con él la historia.

En el transcurrir de los años muchos de los sueños del 68 se pudieron materializar, se pasó la famosa reforma política de Reyes Heroles, se abrieron paso las demandas de feministas y de diversidad sexual en las calles, se enfrentó al estado para buscar desaparecidos, se creó el Frente Democrático, los derechos humanos se institucionalizaron, se fundó el Instituto Federal Electoral, la alternancia llegó, la voces indígenas se escucharon desde el congreso, el PRI es casi inexistente.

Así como la sociedad lentamente se transforma, también hay una resistencia a la tradición autoritaria que marca nuestro presente y está latente y viva; es ahí justamente donde el  68 reaparece, en la indignación de cada joven que gritó en 2006 contra la manipulación de la información, en cada marcha que se solidarizó por los niños que no llegaron a ser jóvenes en Sonora, en cada eco que rebotó en la capital en favor de los indígenas de Chiapas, en cada voz que se quejó por la ley de seguridad interior, en cada flor depositada por los compañeros caídos del Tec a manos del ejército, en cada nombre de los 43 mencionados una y otra vez hasta derrumbar la verdad histórica, en cada exigencia de justicia ante un nuevo feminicidio, en cada marcha por la dignidad que exigía justicia al gobierno disfrazado de verde olivo, en cada camafeo con la imagen de Jesús y los desaparecidos por la guerra sucia, en cada bolsa de alimento que se arroja a los migrantes sobre La Bestia, en cada brigada que sin recursos desentierra a sus deudos por toda la República, en cada estudiante que exige a las autoridades acabar con porros, en cada brazo levantado esperando con serenidad que resurja la vida, en cada joven dentro de la aulas … es ahí donde volvemos a encontrar el espíritu del 68.

[1] Municipio alejado de la realidad.

[2] Se compartía clases con alumnos de comercio, negocios internacionales, arquitectura, diseño, comunicación, derecho, ciencia política, economía, etc.

[3] Activista político desde 1962, fue profesor de matemáticas en la Facultad de Ciencias de la UNAM y secretario general del Museo Universitario del Chopo

[4] Laura Castellanos, México armado 1943-1981, Era, México,2016, pp. 27-80

[5] Grupos de estudiantes patrocinados por partidos políticos o grupos de interés para desarticular movimientos, generar grescas y confusión.

[6] En 1953 se toma el cuartel con el fin de derrocar al dictador Fulgencio Batista en Cuba

[7] Entonces existían 34 grupos ideológicos de los cuales 9 de ellos pertenecían al PRI. Villegas Ruiz, Salvador. “Grupos y Facciones estudiantiles en la UNAM y el IPN”. Evocación del 68. 2008

[8] Hermano del presidente Manuel Ávila Camacho

[9] Gobernador de Aguascalientes Enrique Olivares Santana, 2 de septiembre de 1968

[10] Secretario general de la CTM, fundador de la Partido Popular Socialista y Gobernador de Puebla

[11] El rector Javier Barros Sierra presenta renuncia cuando las instalaciones de la UNAM son tomadas por el ejército y los directores de facultades detenidos junto con estudiantes.

[12] La Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), fue creada en 2002 y extinta en 2007 sin haber cumplido con sus objetivos.

[13] García Cantú, Gastón. “El rector del 68”. Evocación del 68.2008

[14] Se trata de un manifiesto dirigido a “la Opinión Pública, a los Maestros, Estudiantes y Autoridades Educativas”

[15] Entre los detenidos se encontraban los filósofos Eli de Gortari y César Molina, el periodista Manuel Marcué, la pintora Rina Lazo entre otras personalidades (no todos fueron capturados en C.U.)

[16] Parte del discurso pronunciado en el IV Informe de gobierno por el presidente Gustavo Díaz Ordaz

[17] Octavio Paz era embajador en la India desde 1962

[18] Fue liberado en 1970

[19] “Ayer se desayunó con la mejor noticia que hubiera podido recibir en mucho tiempo” sobre los acontecimientos del 2 de octubre

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