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Por Samuel Casanova – 8 de noviembre 2016 

Que un emprendimiento social sea exitoso significa que está generando un impacto, un cambio positivo en su población objetivo, y que es económicamente sostenible, es decir, “se pueden pagar las cuentas” y se tiene la capacidad de reinvertir para crecer.

Ambos temas son dolores de cabeza para emprendedores, sin embargo, el impacto social es el que se llega a ver como un acertijo y en el que menos claridad hay.

¿Qué entendemos por impacto?

Para entender el impacto social es de gran utilidad ser capaces de responder esta fórmula de Dan Levy, profesor de Harvard Kennedy School:

Qué ocurrió (con el programa/servicio/producto) – Qué habría ocurrido sin éste (contrafactual) = IMPACTO

Claro que existen diferentes tipos de escenarios alrededor del impacto:

Positivo

positivo

Crédito de imagen: The Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL)

Negativo

negativo

Crédito de imagen: The Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL)

Positivo-negativo

positvo-negativo

Crédito de imagen: The Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL

Nulo

En el caso que una persona que utiliza tu producto/servicio o participa en tu programa se mantiene de la misma forma que una persona que no.

¿Cuándo medimos el impacto?

“El tema no es la evaluación de impacto, es la claridad de tus objetivos”, comenta Ana Paula Hurtado, fundadora de Algo en Común A.C. organización que evalúa proyectos sociales de OSC, emprendedores, empresas y gobierno.

Y aunque pueda sonar duro, ella recomienda que se baje la expectativa que se tiene de impacto, porque si no se tiene certeza del propósito, no se puede profesionalizar.

El impacto no empieza ya una vez implementado el programa/producto/servicio, comienza prácticamente desde la fundación, se debe tener bien definida la misión y la teoría de cambio que se pretende impulsar.

Respecto a la misión, mientras más concreta y más específica es, mejor. Da enfoque sobre qué es lo que se quiere hacer, a quién se busca beneficiar y qué es lo que se espera.

Kevin Starr, director de Mulago Foundation, menciona que una buena misión debe poder construirse con solo ocho palabras (o menos) y  debe cubrir tres aspectos:

  • Verbo
  • Población objetivo
  • Resultado que implique algo que medir

Por ejemplo:

  • Construimos hogares de las familias con las familias.
  • Prevenir la infección de VIH en Brasil.
  • Conectar personas mediante préstamos para mitigar la pobreza.

La teoría del cambio responde a la pregunta, ¿cómo, en teoría, nuestro programa/producto/servicio resuelve el problema? Implica un proceso de pensamiento lógico para llegar al estado ideal.

“Uno de los grandes errores de los emprendedores es que no tienen teoría de cambio”, dice Ana Paula Hurtado, “no miden cambio de conducta, miden intervención”.

Ahora bien, existen muchas formas de exponer la teoría del cambio, sin embargo, Ana Paula Hurtado explica que se deben considerar:

  • Insumos
  • Producto
  • Resultado

Los insumos son lo que necesitas (actividades, materiales, etc…) para realizar tu producto, el producto es el efecto de que todos los insumos “embonen” perfectamente, y el resultado es cómo mejora, crece o evoluciona tu población objetivo tras haber utilizado tu producto/programa/servicio  

Pensemos, por ejemplo, en clases de inglés en línea. Los insumos pudieran ser la plataforma por donde daremos las clases, el currículo y los maestros; el producto (intervención) son las clases, y es justamente esto lo que los emprendedores tienden a medir, el producto, y  es donde está el error.

El resultado sería que los participantes sepan inglés, pero aquí no acaba la teoría del cambio: ¿cómo lo mides?

Necesitas de un indicador que sea específico, medible, alcanzable, realista, se pueda seguir midiendo en 2, 3, 5, 10 años, y que sea inspiracional (basado en la metodología de Algo en Común A.C.).

En el caso de las clases de inglés, funcionarían las pruebas TOEFL o IELTS como indicador.

Basado en tu objetivo defines/encuentras el o los indicadores adecuados. 

El reto de las evaluaciones de impacto

“No todos están dispuestos a pagar una evaluación de impacto rigurosa”, comenta Ana Paula Hurtado. Esto refleja uno de los grandes retos de los emprendedores con respecto a las evaluaciones de impacto: falta de recursos. Como resultado, se tiende a querer hacer evaluaciones de impacto que en realidad son evaluaciones de resultados o de procesos.

Falta profesionalización en este aspecto, no cabe duda, pero no es necesario ser un experto en estadística o econometría, para eso existe la colaboración en el ecosistema de emprendimiento social.

Lo que no hay que dejar pasar es que una evaluación de impacto no servirá de nada si no hay claridad en tus objetivos, por lo tanto, es necesario trabajar con tu equipo para definir bien lo que quieren lograr, lo que les dirá si tuvieron o no éxito.

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