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Por Samuel Casanova – 11 de octubre 2016

Su verdadero nombre es Austin, pero quería darle un nombre un poco más corto y pegajoso, por eso lo presento como Tin.

Tin es el monstruo emprendedor de simplechange y en casi todo momento está conmigo.

Él es una lección de vida andante, y esta es su historia.

Austin

En Octubre 2013 iba con unos amigos en un viaje en autobús de Monterrey, Nuevo León a Austin, Texas, lugar en donde cada año se celebra el Austin City Limits (ACL), un festival de música. Era la primera vez que asistía.

Salimos un jueves por la noche y llegamos un viernes temprano, probablemente a las cinco o seis de la mañana.

El festival comenzaba, al menos para nosotros, a las dos de la tarde, hora en que tocaba una banda que queríamos ver.

Al llegar tan temprano nos vimos obligados a esperar a la persona bajo la cual estaba la reservación del hotel.

Deambular por las algunas calles de Austin era la opción, pero cuando digo calles, no me refiero a la zona del centro, no; estábamos por la zona del aeropuerto, es decir, nada cerca.

Acabamos en un restaurante que tenía servicio las 24 horas e hicimos nuestro “fuerte” ahí.

Dentro del restaurante había una máquina de garra llena de peluches, de esas en las que casi nunca puedes obtener un premio.

Para matar el tiempo, decidí tratar suerte e inserté un dólar, dando casi por hecho que no iba a tener un retorno sobre mi inversión.

Pues…¡sorpresa! De la máquina salió un peluche gatuno de muchos colores, y claro mi emoción fue evidente.

A pesar de estar desvelado y con un cansancio evidente, no pude evitar pensar al tener ese peluche en mis manos, “este viaje va a estar con madre”.

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El inicio

Me levanto el tercer día, listo para disfrutar de más música, pues este era uno de los días que más esperaba por las bandas que se presentaban.

Al salir de la cama llega uno de mis amigos al cuarto y me dice, “oye güey, se canceló el tercer día por la lluvia”. Obviamente no le creí, pensaba, “ni de pe.., una lluvia no puede parar la música”, pero luego otras personas lo corroboraron, y solo me quedó ocultarme en un rincón del cuarto a llorar.

Tomamos camino de regreso a Monterrey, vi a Austin (el peluche) y dije, “¡tú lo ocasionaste!”, pero no le di mucha importancia, ya que sabía que una de las bandas que más quería ver y que no había podido hacerlo en Austin, se iba a presentar en Monterrey cinco días después.

Al final, Tame Imapala (la banda en cuestión), canceló su concierto porque sus instrumentos no llegaron.

Regresé al cuarto de hotel de Austin a llorar al rincón, pero no me dejaron pasar, entonces lloré afuera del hotel.

2014

Ya con la experiencia del ACL de 2013, nos fuimos mejor preparados a la edición de 2014.

Por cuestión de nostalgia, decidí llevar nuevamente a Austin en mi mochila.

Íbamos con un excelente tiempo para dejar las cosas en el hotel, cambiarnos y disfrutar de los tres días del festival, pero Austin tenía otros planes.

Un tráfico asqueroso hizo que nos retrasáramos horas, por lo que nos perdimos muy buenas bandas, y si bien disfrutamos el viaje, en el momento en que sucedió todo miré a Austin y le dije, “¡tú!”.

Esto no fue todo, pues al regresar a Monterrey y descargar fotos y videos del viaje descubrí que mucho del material había quedado inservible. Como bien diría Homero Simpson, “¡D’oh!”.

2015

En la edición de 2015 de ACL estaba dispuesto a dos cosas: disfrutar de los tres días del festival y disfrutar de la vida nocturna de la ciudad.

Claro, no podía faltar Austin y no podía faltar su poder.

Empezó con algo sencillo, pero que molestó. Una de las mejores bandas, Foo Fighters, tuvo un pésimo sonido y no se pudo apreciar toda la energía de su espectáculo.

No di mucho importancia a eso, pues al final disfruté los tres días de música. Pero el día que estaba dispuesto a salir y conocer la famosa vida nocturna de la ciudad, a mi novia se le olvidó su identificación. Tanto había escuchado del ambiente de fiesta en la ciudad y la noche acabó antes de empezar, pero no el poder de Austin.

El último día del festival, al terminar todo, los amigos que habíamos ido nos íbamos a ver en un punto específico, sin embargo, al salir no los encontré.

Decidí llamarlos para tratar de encontrarlos y me dijeron que estaban cenando cerca del hotel, es decir, lejos de donde es el festival. Abandonados.

Pedir taxi no era opción, ni tampoco Über, pues la tarifas eran muy caras y mi dinero era menos que poco.

Uno de mis amigos se apiadó y regresó por nosotros, pero los niveles de estrés e incertidumbre fueron nada agradables.

La lección de Austin 

Así a más lugares a donde llevo a Austin cosas suceden: no funciona/se traba la computadora, se pierden cosas, me enfermo y compro un autobús de regreso en una fecha equivocada (esto pasó en Campus Party 2016), y demás.

Y estás en todo tu derecho de pensar, “¿para qué te lo sigues llevando?” y la verdad es que lo hago porque me recuerda una cosa muy importante: las cosas no siempre salen como las planeas.

En la vida, y en la aventura de emprender, esto es algo muy común. No importa lo mucho que planifiques, que hagas un modelo de negocio “perfecto”, que reclutes al mejor equipo, que tengas a un excelente inversionista al final siempre habrá cosas que no puedes predecir y que te harán pasar desde momentos divertidos, hasta grandes frustaciones. 

Lo importante es: 

  • Aceptar 

No tiene caso estar quejándose por lo que pasó. Quedarse en ese momento implica perder visión de lo viene, lo que puede suceder, lo que podemos lograr, y todo por lamentarse. 

Lo que hay que hacer es aceptar que algo que no planeamos sucedió, y está bien estar triste, se vale llorar, se vale reír, se vale enojarse, pero hay que aceptarlo y seguir adelante. 

  • Aprender 

Va a haber algunas cosas que en realidad están fuera de nuestro control, pero habrá otras que pudimos haber evitado, y de estos fracasos se debe aprender, compartir y no repetir. 

Austin me enseña mucho cada vez que hago un viaje con él. De cada situación no planeada analizo qué sucedió y para la próxima me preparo y no repito los mismos errores. 

Aunque claro, Austin me enseña una y otra vez que habrá cosas que no saldrán de acuerdo a mi plan, y eso hace que cada aventura sea divertida . 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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