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Por César Cossío – 26 de enero de 2017

A la hora de crear una empresa y desarrollar innovaciones que puedan cubrir una necesidad o que puedan crear una demanda usualmente pensamos en el tema de un problema y cómo mi innovación lo resuelve.

Sin embargo, hoy quiero platicar un poco sobre “otro” método que pudiera también iluminarnos a la hora de crear alguna innovación.

Esta metodología, desarrollada por Christensen, Hall, Dillon y Duncan, indica que la innovación no se trata sobre cómo resolver una necesidad, sino, qué es lo que algún consumidor espera cumplir con ella, o como se diría en inglés, the job to be done.

Sí, sé que esta definición puede no ser tan clara a la diferencia de pensar en cómo resolver un problema, así que déjenme desarrollarlo con una historia:

Cada mañana usualmente me cuesta levantarme, aún si el día anterior me duermo a una buena hora y efectivamente duermo 8 horas. Aún así me cuesta.

Un café me ayuda, no tanto para levantarme, sino como una especie de “ritual” el cual anhelo cada mañana.

Primero, cuando salí de la universidad, pues, sinceramente mi gusto por el café lo podía calificar como regular, lo tomaba de vez en cuando y el sabor entre uno y otro no me causaba gran diferencia.

Con el tiempo, compañeras y amigos me empezaron a introducir a “mejores” cafés, y con el tiempo mi gusto se fue “refinando” (aún considero que es bastante pobre).

Con el tiempo empecé a probar algunos cafés instantáneos, de diferentes sabores, marcas, países, etc.

Sin embargo, mi falta de cuidado y desesperación hasta el día de hoy no me han dejado hacer un buen café mañanero en mi casa (esto lo sé, porque amigos míos que vienen si lo han logrado).

El paso siguiente es comprarme una cafetera y hacerlo fresco, pero aún así, no es algo que quiera.

Mi punto es que no quiero batallar para hacer mi café, que se tarde mucho y que siempre dependa de mi capacidad (que es poca) para poder hacerme uno en la mañana.

¿Cuál es la mejor solución? ¿Irme a comprar uno a una cafetería? ¡Por supuesto que no! Sería una fuga importante de dinero, además considerando el tiempo que tengo que destinar ahí, la gasolina o el pasaje…¡no!

El problema aquí no es un mejor café, hay muchos muy buenos en el mercado, ni encontrarlos, también hay muchas muy buenas cafeterías.

El tema es cómo le hago para hacerlo en mi casa, con el mínimo esfuerzo, y con un resultado que sea bueno. Creo que ya saben para dónde voy.

Es aquí donde hacerse otro tipo de preguntas y pensar claramente qué es lo que el consumidor quiere cumplir puede abrir puertas a nuevos productos, servicios o modelos de negocio.

¿Que me lleven al café a mi casa? Podría ser, pero creo que también saldría caro. ¿Poner cápsulas, presionar un botón y que me haga el café? ¡Suena bien! Y estaría dispuesto a pagar un poco más por el. ¿Es la mejor solución? No lo sé, pero parece ser la que mejor me ayuda a cumplir la “tarea que quiero lograr”.

Este cambio de mentalidad para hacer negocios parte de hacernos mejores preguntas y, entender bien lo que los consumidores esperan cumplir.

¿El consumidor quiere paneles solares o una energía más barata?, ¿queremos aires acondicionados o no sentir calor en las casas?, ¿queremos artículos de limpieza o queremos que nuestra casa esté limpia? Ejemplo comunes y diarios nos presentan la oportunidad de reflexionar si en verdad hemos desarrollado las innovaciones que resuelvan las tareas que queremos cumplir o son solo “casi” soluciones.

Mejores preguntas, esa podría ser la clave…

 

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