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Por Rodrígo Quintero – 10 de noviembre 2016 

Llegaba el discurso de victoria presidencial en la madrugada del miércoles 9 de noviembre por parte de Donald Trump. Así es, del sujeto del que algunos años antes miramos con gracia cuando pronunciaba sus célebres palabras aderezadas con impetuoso desdén “You´re  fired!”. El mismo sujeto que con gracia e incredulidad vimos posicionarse ante varios candidatos republicanos contendiendo por la carrera más importante del mundo político.

Con duda contemplamos si le otorgarían la nominación, y con risas la recibimos cuando se la dieron, parecía que no era posible que alguien compitiera contra la ex senadora y secretaria de estado. Con asombro y malestar pasamos el día en que fue invitado por el jefe del ejecutivo en nuestro país, con confianza, llegamos a las elecciones, con extrañeza observábamos los primeros resultados, con preocupación vimos cómo obtuvo  Ohio y rogamos por que el augurio histórico del ese estado no se cumpliera,  finalmente con incredulidad presenciamos  su primer discurso como próximo comandante en jefe de los Estados Unidos de América.

Si nos vamos por las explicaciones más simplistas aunque con peso significativo se podría decir que en la parte final de la contienda después de los debates, la intervención de James Comey (director del FBI) sobre la reapertura del caso del servidor, así como el voto de personas que se decantaron por  Gary Johnson y  Jill Stein  alejaron a potenciales votantes demócratas. No obstante, este resultado refleja una realidad más compleja y global.

Desde la votación del Brexit los analistas han tratado de explicar cuáles son las razones de la insatisfacción de los votantes, y si bien considero que es imposible considerar un solo factor, personalmente creo que existe una correlación entre el modelo económico impuesto desde la década de los ochenta hasta la fecha. 

Tras más de treinta años de neoliberalismo el epicentro del malestar empieza a hacerse notar más allá de la periferia subordinada a los Estados más poderosos y a las trasnacionales que aprovechándose del desmantelamiento de los estados de bienestar y de la raquítica participación de la socialdemocracia tomaron el “laissez faire” como una especie de consigna divina e incuestionable.

Los resultados se empezaban a ver en el malestar de pueblos que votaban a líderes “populistas” (así llamados por medios de comunicación masivos), podemos tomar el ejemplo de Thaksin Shinawatra, el multimillonario Tailandés que le dio la espalda a la elite pese a no dejar sus prácticas corruptas y terminó depuesto por un golpe de estado, una historia prácticamente calcada ocurría en este lado del continente pero a diferencia de Thaksín, Hugo Chávez fue repuesto tras el golpe y lejos de dejar el poder afianzó su autoritarismo.

Lo que quiero dar a entender con estos ejemplos es que los sucesos políticos eran una respuesta al enquistado aparato político cómplice de la pobreza y la desigualdad. Europa entraría a este ciclo con la crisis del 2012, un caso significativo es el de España, porque rompe con el bipartidismo tradicional a partir de dos fuerzas políticas  emergentes en el espectro nacional.

Este año fue el turno del gran impulsor del neoliberalismo europeo – Reino Unido-  El 23 de junio  los británicos anunciaban su salida de la UE ante la perplejidad  global. ¿Era culpa de la ignorancia?, ¿no sabían lo que hacían?, ¿desconocían las ventajas de la Unión Europea?  Mi hipótesis es sí, posiblemente no saben cómo es que funciona la complicada burocracia de la UE, como tampoco algunos norteamericanos saben cómo funciona su sistema de representación, pero eso no es lo que importa, sino lo que la ciudadanía percibe en su día a día, y lo que estaba quedando claro es que en el proceso de globalización había perdedores y eran los suficientes como para decidir la elección.

Durante las campañas norteamericanas hay un punto en común por parte de los dos candidatos más lejanos dentro del espectro político (Trump y Sanders), y es la inequidad y la falta de trabajo junto con la relación directa que los tratados de libre comercio definitivamente no han beneficiado a la población en su conjunto (fuera de las grandes corporaciones).

Esos ecos que retumbaban a las afueras de Wall Street desde la crisis del 2008 y que perseguían una mejor redistribución de la riqueza, elevar los impuestos al 1 por ciento más rico de la población,  denunciar la apropiación del sistema político por medio del económico, no encontraron una respuesta en la presidencia de Obama ni un aliado en la candidatura Hillary percibida por los votantes como un peón del establishment.  Al salir Sanders de la contienda el único representante que fungía como outsider era Trump.

Si comparamos con un caso reciente de nuestro vecino del sur – Guatemala- nos daremos cuenta que posteriormente a la defenestración de su ex presidente Pérez Molina, la contienda  se libró entre una mujer apegada al sistema y ex primera dama de la nación y un cómico evangélico de la televisión… adivinen quién ganó, bueno pues están en lo correcto. Como podemos observar se está dando un fenómeno global que parece ser que la clase política no puede o no quiere leer.

Según expertos, como Jorge Castañeda, excanciller de México, la pérdida de estados como Wisconsin, Ohio y Pensilvania responden a esta lógica de ciudadanos que piden la reconsideración de los actuales tratados de libre comercio y por supuesto del TPP  y TTIP.

El traslado de las industrias extensivas en mano de obra a países subdesarrollados, la automatización de funciones, el debilitamiento de los sindicatos y el cambio por energías limpias fueron factores decisivos en esta contienda.

Ahora bien existía un potencial en el despertar de ciertas minorías entre ellas la latina que pudo haber salvado la contienda y asegurar el progresismo en el país. Sin embargo, este sector  le quedó mal a la candidata.

Algunas de las razones que destaco es la falta de cohesión entre las distintas nacionalidades debido a los propios intereses, por ejemplo, la agenda de los cubanos en Florida es distinta a la de los mexicanos o puertorriqueños.

También es necesario subrayar que el estereotipo latino moderno y cosmopolita que se genera a través de los medios de comunicación y pedía el voto, como puede ser el caso de Eva Longoria, Sofía Vergara, Salma Hayek,  Jorge Ramos, etc…  se encuentra muy alejado del verdadero latino, generalmente apegado a sus congregaciones cristianas y evangélicas y que por razones morales y religiosas no le concedería el voto a una persona del ámbito liberal.

Esto se puede comprobar si miramos que el 29 por ciento de los latinos votaron a favor de Trump así como el 58 por ciento de los protestantes y 52 por ciento de los católicos.

A modo de conclusión considero que en esta elección lamentablemente ganaron los prejuicios, la xenofobia, el racismo, la misoginia y la incoherencia, este es el resultado de una democracia liberal fallida que se ve imposibilitada a dar respuestas a una ciudadanía que demanda  recuperar un sueño que al día de hoy parece más una pesadilla.

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