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Por César Cossío – 18 de mayo de 2015

Es un hecho que lleva años en la parte de la opinión pública, un tema por el cual se ha luchado y se ha discutido mucho, la equidad e igualdad de género también se debe ver reflejada en la compensación económica que cada mujer reciba por su trabajo. Escuchar la frase, “es que el hombre gana más” es todavía un gran reto que no hemos podido terminar por resolver.

Este tema se presentó en la última reunión mundial para celebrar el 20º aniversario de la histórica conferencia sobre las mujeres y la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, en la cual Helen Clark, administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), afirmó lo siguiente:

“En la búsqueda de un crecimiento económico que beneficie a todos los ciudadanos, es importante centrarse no sólo en garantizar que las mujeres puedan participar en las decisiones que afecten a sus vidas, sino también en la superación de las barreras, incluidas las prácticas y las actitudes discriminatorias institucionalizadas que mantienen a las mujeres en la pobreza”.

Y es que números arrojados por un estudio del Banco Mundial titulado The Effect of Women’s Economic Power in Latin America and the Caribbean menciona que la población femenina en esta región ganan entre 64% y 90% de lo que ganan los hombres, ¿te sorprende?

¿Qué retos representa esto?

No es solo partir de una conclusión sencilla que se tiene desde hace mucho tiempo, en la cual la mujer es el pilar familiar y que por lo tanto es un impedimento para crecimiento profesional, esto va más allá. Las organizaciones, empresas y gobierno deben empezar a generar las condiciones, leyes y políticas necesarias para que más y más mujeres sean las que se integren y además cuenten con facilidades para cubrir obligaciones familiares, sin demeritar o castigar un crecimiento profesional, y que a su vez su compensación sea equitativa a la de los hombres.

Adicionalmente, la especialista Jonna Lundwall del Banco Mundial, menciona que se necesita más injerencia de mujeres en los sectores de ciencia o ingeniería, como parte de un segmento que no termina por contar con mayor participación femenina.

A esto continúa platicándonos Helen Clark:

“Tenemos que abordar el flagelo de la violencia contra las mujeres, así como la carga desproporcionada de trabajo no remunerado que realizan las mujeres y las niñas que les priva de tiempo para ganar dinero, adquirir nuevas capacidades y participar en la vida pública. Tales avances en favor de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres están en el corazón de los esfuerzos del PNUD para erradicar la pobreza, mejorar la vida de las mujeres e impulsar el desarrollo sostenible”.

De aquí, ¿qué sigue? Es una pregunta catalizadora del cambio, en la cual esta equidad sea posible, y que estas anécdotas queden simplemente como un recuerdo.

 

 

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