Comparte

Por José Fermoso – 29 de diciembre 2016 

Para un par de niños que crecían en Laredo, Texas, con una población latina de más del 90%, sus irónicos hermanos Verónica y Miguel Garza no entendían por completo su cultura hasta que abandonaron su hogar para ingresar a la universidad. Cuando iban a la Universidad de Texas en Austin en el año 2000, les pareció emocionante la diversidad que encontraron pero también los hizo darse cuenta qué tan diferente fue su crianza. “Austin es donde crecimos hasta convertirnos en adultos. Los mexicanos-americanos se sienten cómodos [allá], pero al mismo tiempo, la ciudad pone a prueba tu nivel de confort [previo].”

En su ciudad natal, los dos habían crecido en una cercana familia de siete personas, con vecinos que frecuentemente se reunía en su patio trasero para fiestas espontáneas. En la Universidad, tuvieron que trabajar para encontrar su propia comunidad.

Pero una cosa para la que no tuvieron que trabajar fue para encontrar buena comida. Miguel habla sobre cómo caminaba por la calle South Congress para ir por un “increíble” taco de desayuno y cómo la historia del lado este influyó en los sabores mexicanos de la ciudad. Esto fue de suma importancia cuando, años después, ellos decidieron hacer sus propias tortillas con ingredientes que pocos mexicanos hubieran pensado en utilizar –como almendras y coco- y tuvieron que convencer a los escépticos de que eran tan buenas como las de maíz y harina.

A la que se le ocurrió la idea fue a Verónica. Después de graduarse, fue diagnosticada con múltiples afecciones autoinmunes agresivas, incluyendo Púrpura Trombocitopenia Idiopática y una forma de Lupus que afectaba sus riñones. Los síntomas incluían moretones, sangrados y cansancio extremo para los que tomaba muchas medicinas. También le prohibieron comer alimentos con cereales y gluten. Después de renunciar a su trabajo en la Universidad de Texas y regresar a su ciudad natal a los 24 años para tratar de sentirse mejor, decidió empezar a preparar alimentos que pudieran ayudarla a aliviar su dolor.

Tomando en cuenta la sugerencia de otro hermano, ella comenzó a preparar masa con ingredientes naturales que incluían almendras molidas. El resultado final fue una deliciosa y sorprendente tortilla firme alternativa. Después de comerla por semanas, Verónica menciona que comenzó a sentirse mejor y a hablar sobre ella con la gente. En meses, gente extraña en Facebook preguntaba por la receta y los amigos de sus hermanos las pedían en reuniones.

Su hermano Miguel, recientemente graduado de la escuela de derecho y de una carrera de tipo emprendedora, convenció a Verónica de que podría haber un negocio potencial en su receta. Pero ninguno de los dos había empezado un negocio y los dos estaban endeudados con gigantescos préstamos estudiantiles. Estaban asustados. Pero era más aterrador, los dos pensaban, que alguien pudiera tener la misma idea y les quitara esa gran oportunidad.

“Del año 2010 al 2014 había un gran miedo por lo desconocido y de cómo siquiera íbamos a comenzar [una compañía],” ella me dijo por teléfono. Pero decidieron hacerlo, Miguel dice “haciendo todo lo posible porque la idea no tuviera ningún riesgo.” Esto significaba comprar el número de ingredientes necesarios dependiendo de los primeros pedidos. Rentaron un centro de procesamiento en Austin que facilitaba la producción de comida. La casa de sus padres en Laredo se convirtió en una segunda oficina y agotaron el uso de apps móviles para una comunicación inmediata. Incluso se unieron con otros hermanos para que los ayudaron. Sus padres los ayudaron durante todo el proceso.

Nuestros padres siempre están orgullosos de nosotros de cualquier forma. Si le digo a mi mamá que lavé mi ropa hoy, ella me diría: ‘Eso es maravilloso, ¡estoy orgullosa de ti, mijo!’”. Dejando atrás las bromas, los hermanos mencionan que el apoyo de su familia es la base de la compañía. “Sí, hay desacuerdos [cuando trabajamos juntos], pero para nosotros, la familia es primero y el negocio sigue después. Cuando éramos niños y nos peleábamos, mi mamá nos sentaba y nos hacía abrazarnos por 15 minutos. Ahora no nos abrazamos pero aplicamos esa idea en la forma que llevamos el negocio, como un valor fundamental de amor,” Miguel dijo.

Esa base ha ayudado a la compañía a moverse a un paso rápido en los últimos dos años. Su primer tortilla oficial, llamada Must B Nutty (Debe ser de Nuez), nombrada por su harina de almendra y tapioca, ganó popularidad y buenas reseñas con la comunidad de personas que prefieren la dieta paleolítica. Las ventas positivas le permitieron a los hermanos invertir en dos nuevas tortillas (una de mandioca con chía y otra de mandioca y coco) y también les ayudó a renombrar su negocio a Siete Foods (Siete Comidas). El siete en su nuevo nombre fue elegido como referencia a los siete de la familia Garza. Hasta el mes actual, el producto se encuentra en más de 250 tiendas del país, incluyendo Whole Foods.

Si piensas que las tortillas no podrían tener un efecto grande en el mercado de consumidores americano, un vistazo a la industria de los alimentos demuestra lo contrario. Resulta que el alimento básico ya es un importante motor de ingresos para las empresas americanas. Un estudio de 2012 encontró que en los Estados Unidos las tortillas superaron en ventas a los alimentos favoritos americanos incluyendo “pasta y pan de hamburguesas y hot dogs” así como a “todos los otros rollos frescos / bollos / cuernitos y panecillos / pan Bialy,” y que son el segundo ingrediente mexicano más utilizado en los hogares con un porcentaje del 43.2 por ciento, detrás de la salsa con un 44.1 por ciento. En términos de ganancia, esto significa que las tortillas tendrán un gran trozo de los 11 billones de dólares esperados en ventas para los alimentos hispanos y bebidas en 2017, de acuerdo con Packaged Facts (Datos Empaquetados), una firma de la industria.

Después considera los datos demográficos que pueden influenciar la compra de tortillas. En los Estados Unidos, la población hispana sigue creciendo – desde julio de 2014 a 55.4 millones, o 17.4% de la población americana – con un poder de compra de 1.7 billones de dólares para el 2019. El mercado de comida orgánico, separado de preferencias de raza, también debería participar. De acuerdo con la Asociación de Comercio Orgánico (Organic Trade Association) las ventas de estos alimentos crecieron casi 10 por ciento año por año a 43 billones de dólares en los Estados Unidos el año pasado.

Sin embargo, si el mercado de la tortilla sigue creciendo, una compañía más grande podría hacer su propia mezcla paleolítica y apoderarse de pequeñas firmas como Siete. Una razón es el alto costo del producto en relación con otras tortillas. Un solo empaque de tortillas Siete Foods vale 8.99 dólares, más que el paquete de 24 que se vende en 2 ó 3 dólares. Miguel Garza dice que el precio es justo porque su producto es diferente a las tortillas comunes en calidad y valor nutricional. “Esto es más que sólo una sábana con la que envuelves tu comida. [Las nuestras] tienen un beneficio nutricional más allá que el almidón común y la grasa. Nosotros utilizamos ingredientes de excelente calidad.”

Consumir tortillas paleolíticas como una opción más saludable, de hecho, está ganando terreno en la comunidad médica. Laura Lee Bloor Townsend, una nutrióloga holística certificada en Next Advance Medicine, una clínica de Orange County que trata a pacientes con problemas diabéticos y de tiroides, dice que los productos como los de Siete pueden hacer una gran diferencia. “Ese tipo de harina de coco es más amable con el sistema digestivo porque los granos pueden causar inflamación,” ella me comentó por teléfono.

Townsend también menciona que el consumo regular de maíz y tortillas de harina, altos en carbohidratos y fáciles de digerir por el cuerpo pueden causar que la azúcar en la sangre se dispare, convirtiéndolos en uno de los precursores principales de la diabetes. “La harina de coco y almendra tiene grasas más saludables y se digiere lentamente,” ella mencionó.

Otros, como la profesora de la Universidad del Sur de California (University of Southern California – USC), Sarah Jo Portnoy, son escépticos y piensan que incluso si los latinos saben que las tortillas sin granos son más saludables para ellos aún así no las comprarían. Personas trabajadoras o de clase media, ella comenta, se rigen más por el precio. “La familia promedio no tiene la energía o el ingreso para comprar esa tortilla,” ella declara. Las tortillas paleolíticas, cree Portnoy, están realmente más dirigidas al mercado de alimentos no hispano pero piensa que de hecho, eso está bien.

La conexión a las tortillas de maíz es crítica en la identidad mexicano-americana (las personas mexicanas indígenas eran llamadas “La gente del maíz”), pero Portnoy dice que las personas que preparan productos paleolíticos pueden contestar preguntas de autenticidad de una manera productiva.

¿Podrías llamarle a una tortilla [sin granos] sin maíz, tortilla? Sí. Es parte de la expansión de la idea de la comida hispana y la definición de comida que siempre está cambiando. Lo que es auténtico siempre está cambiando. No es estable. Si se convierte parte de la evolución de la comida mexicano-americana en los Estados Unidos, sí lo es. ¿La mayoría de los abuelos mexicanos diría que eso es una tortilla? No. Pero en nuestro mundo actual orgánico libre de gluten, tal vez lo sea,” Portnoy mencionó.

Si la idea de lo que constituye a la comida Mexicana puede evolucionar con el tiempo debido a los sabores americanos, entonces podría y debería, renovarse la identidad del heroísmo americano a través del sacrificio e idealismo de los mexicanos-americanos. El propio abuelo de Verónica y Miguel representaba ese cambio.

En la Universidad de Texas, Verónica se especializó en estudios latino americanos para entender mejor su cultura y durante una tarea de investigación, encontró la inspiración que le ayudaría durante los dolores de su enfermedad. Encontró que su abuelo Antonio Campos había sido un paracaidista del ejército estadounidense en la Segunda Guerra Mundial y en algún punto, se llevó cuerpos para limpiar las calles después de una batalla espantosa. En una entrevista con Verónica antes de su muerte, Antonio recordó con mucha tristeza la lectura de placas de nombres de cuerpos de soldados mexicanos-americanos con nombres como Ramírez y Rodríguez. En ese momento él le juró a ella que iba a ayudar a que los niños latinos obtuvieran oportunidades más allá del ejército.

Después de la guerra, Antonio ayudó a que se aprobara la “Bill 151” por la Legislatura del Estado de Texas, una ley que brindaba programas preescolares obligatorios para los niños que no hablan inglés.

Años después, Miguel dijo que aprendió de la historia de su abuelo, él les decía: “deberían tratar de obtener los mayores logros posibles para nuestra comunidad.”

 

 

Publicado originalmente el 19 de diciembre 2016 en: https://hipgive.org/es/como-comenzo-una-nueva-clase-de-negocio-de-tortillas-en-el-corazon-de-texas/

Facebook: /hipgive    Twitter: @HIPGive

Comparte:

Hacer Comentario