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Por Roberto Artavia – 23 de marzo 2016 

¿Sabían Uds. que solo el 0,83% del agua total del planeta es agua dulce “corriente”? El resto del agua dulce, o sea otro 1,69% del agua del planeta, está congelada en glaciares en Antártida, Groenlandia y algunos otros glaciares alrededor del mundo en los Himalayas, los Alpes, los Andes, etc.

Esto quiere decir que el 97,2% del agua del planeta es agua salada que, si bien hoy se puede desalinizar utilizando grandes cantidades de energía y –salvo en casos muy bien planificados- haciendo daño a zonas costeras habitadas por flora y fauna marina importante para la humanidad.

Como si fuera poco, el agua no está bien distribuida. De hecho, solo en la cuenca del Río Amazonas se encuentra hasta el 20% del agua “corriente” del planeta, mientras que hay docenas de países y cientos de regiones en todo el mundo que son escasos en agua, que quiere decir que ya tienen dificultades, con su demografía y tecnología actual, para satisfacer las necesidades de abastecimiento para irrigar sus alimentos; para limpiarse ellos, su casa y sus ropas; y para tener agua potable suficiente para beber.

¿Es el agua un bien escaso o un bien abundante?

Lo primero que diremos es que si la distribución fuera adecuada, sí alcanzaría para satisfacer las necesidades esenciales de la población actual. Posiblemente llegaría a su límite su a las necesidades le agregamos nuestra decisión de lavar carros, trenes y ciudades; bañar mascotas; irrigar grandes jardines ornamentales y canchas deportivas; y en fin, si el uso estuviera limitado a lo esencial. Pero la práctica es otra, abusamos el agua en la formas descritas y al lado de países inmensamente ricos en agua como Nicaragua, hay naciones relativamente escasas como El Salvador aun en medio de los trópicos, para no mencionar naciones desérticas y altiplanos de escasísima disponibilidad del agua.

¿Cómo llegamos a esta situación? 

Creo que -simplificando el análisis- lo hicimos en tres formas:

  1.  Históricamente el agua no se ha considerado escasa (salvo en algunas naciones desérticas) y por tanto la hemos usado agresivamente a través de la historia hasta el punto de diseñar grandes sistemas de irrigación bajo un supuesto implícito: “el agua nunca se acabará”;
  2. Esto ha ocurrido porque nunca en la historia, salvo en esas mismas naciones desérticas –donde el control de un pozo podía generar una guerra- se le ha dado al agua el valor que realmente tiene en términos sociales y económicos. Aun hoy en la mayoría de los sistemas el agua está subvaluada, pues su precio no refleja en forma alguna una relación clara con la cantidad demandada y muchas veces ni siquiera se cobra su consumo, pues las tarifas que se cobran es por su purificación y trasiego, pero casi nunca por su valor intrínseco; y
  3. El manejo del agua, por lo mismo que no se le ha dado el valor que realmente tiene se ha dejado en manos de burocracias secundarias en vez de ser manejada por organizaciones como las que manejan otros vienes esenciales como la energía, los alimentos, etc.

Este triple efecto: expectativas irracionales sobre su disponibilidad, subvaloración del recurso y manejo inadecuado de su administración han llevado el agua a convertirse en un factor de riesgo para la humanidad, aun en países donde el recurso natural abunda, pero con un manejo tan pobre que se le contamina, se le desperdicia y, lo que es peor, es poco lo que hace por educar a la grandes mayorías al respecto.

Hay excepciones de esta situación, entre ellas la iniciativa de organizaciones comunitarias de servicios de agua y saneamiento de la Fundación AVINA.

No cabe duda que el agua es uno de los recursos esenciales que debemos manejar mejor hacia el futuro. Aparte de fortalecer su manejo a nivel de comunidades, debemos crear iniciativas y emprendimientos para lograr que se le valore bien, se le distribuya mejor, se use con todo el sentido productivo y social que tiene y se le aplique mejor tecnología a su extracción, purificación, manejo, uso y recuperación, dado que está comprobado que todo el agua utilizado en cualquier forma puede ser utilizado una y otra vez sin que se le desperdicie o contamine de manera permanente.

Mucho que trabajar. Pero no cabe duda que, entre todas las iniciativas posibles, las del agua deben estar en nuestro enfoque permanente pues los errores que cometamos los pagaremos todos en una u otra forma y más temprano que tarde.

Publicado originalmente el 22 de marzo 2016 en: http://vivaidea.org/es/blog/2016/03/23/agua/
Facebook: /laideaVIVA
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