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por César Cossío – 3 de julio de 2017

Dentro de los últimos talleres que hemos dado sobre storytelling usualmente hay dos preguntas que surgen de parte del público. La primera consiste en sobre si es válido inventar historias para mis objetivos de negocio. A esto nosotros recomendamos que hay que utilizar historias que sean reales y auténticas. Cuando inventas una historia existen temas de ética y moralidad que podrían perjudicarte o engañar a tu espectador. La segunda pregunta usualmente va con esto último, la ética al contar las historias, y de esto es precisamente lo que queremos hablar aquí.

Pero primero habría que establecer unas definiciones. Yo particularmente estoy fascinando con el fenómeno de la posverdad, nombrada la palabra del 2016 por el diccionario Oxford, la cual se define como “el fenómeno donde los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”.

Este fenómeno ha visto dos de sus más grandes efectos recientemente, con el referéndum por el Brexit en el Reino Unido y en la elección de Estados Unidos con Donald Trump.

posverdad arte mentira

Fuente: The Economist

Sin embargo, este fenómeno no está solo presente en los grandes acontecimientos mundiales, se ve en todos los días en toda la información que compartimos, tanto de manera física como digital. En otro artículo escribía sobre como nosotros, los usuarios en de redes sociales, aún seguíamos en estado beta y cómo actuábamos con mucha irresponsabilidad usándolas.

La tesis que de aquí surgía, y tiene mucho que ver con la pos-verdad; cómo comparto y comento cosas cuyo contenido no es seguro que sea real. Sin embargo, ya que este contenido produce una gran emoción en mí, decido compartirlo, creo una narrativa alrededor de el y expreso mis opiniones, ya sea con mi ira o amor hacía lo que pasa.

Compartirlo no tendría problema alguno, pero, qué pasa si alguien más lo comparte y alguien más, y así sucesivamente. Aquí veremos más y más el fenómeno de la posverdad. Ojo, no digo que expresarnos sea malo, al contrario, es necesario, pero hay que ser muy responsable también sobre la información que usamos para hacerlo.

Utilizando storytelling en el mundo de la posverdad

Ahora sí…volviendo al tema de la ética en las historias. El problema de contar historias falsas equivale a desinformar a tu audiencia, y si bien parecería que podría ser inofensivo si es a una o dos personas, una idea es contagiosa y su esparcimiento podría ser inminente. El Brexit es un caso de una historia que parecía improbable y sucedió, y ahí los tienen sufriendo sus consecuencias. De Estados Unidos, ni qué hablar.

Sin embargo, en México ésta también pesa, sobreexponiendo hechos que nos hacen enojar, ahí lo vemos con la selección mexicana de fútbol o con una narrativa social que siempre nos está diciendo que estamos peor que nunca, aún y cuando las estadísticas nos podrían decir otra cosa. Ojo, no estoy diciendo que no estemos mal, estoy diciendo que muchas de las historias que construimos alrededor de nosotros nos hacen creer o vivir realidades que no son totalmente… “reales”.

El fenómeno de la posverdad trata sobre cómo “mi opinión vale más que los hechos, sobre cómo me siento respecto de algo”, según el filósofo inglés A.C. Grayling en una entrevista con la BBC. El psicólogo Tal Ben-Shahar continua con esta tendencia, “las historias que nos contamos son profecías que cumplimos”, muchas de ellas las cuales nos pueden llevar a no distinguir la realidad de la ficción, en especial si hacemos un acercamiento al mundo digital y a toda la información y desinformación compartida en el internet.

Por ejemplo, un caso reciente que vi, y que no tenía idea que sucedía, es la tendencia de creer que las vacunas no tienen efectos en la salud y hasta puede ser dañinas. Con esta ‘posverdad’ mucha gente está empezando a dejar de ponérselas a sus bebes con todos los riesgos que esto implica.

 

Esto es el poder de las historias, ya que ellas tienen un efecto muy poderoso según los estudios del neurocientífico de Princeton Uri Hasson. Las historias logran que adoptemos como propias las ideas de los demás. Con estos resultados podemos ver cómo estar en un mundo de la ‘posverdad’ puede influenciar negativamente la forma en cómo vivimos.

“Parece que la forma en como las personas perciben el mundo es mucho más importante para la felicidad que las circunstancias objetivas”, dice la teoría del bienestar subjetivo de Ed Diener, como complemento a la idea anterior. 

Las historias que nos contamos, muchas de las cuales están influenciadas más por nuestros sentimientos que por los hechos, o ‘posverdad’, pueden tener un efecto negativo en nuestro vivir diario, creando realidades que nos depriman, nos desmotiven, pero que están más influenciados por nuestra percepción que por la realidad misma.

La ética en las historias es importante, ya que contar historias falsas pueden llevarnos a tomar decisiones basadas en desinformación, alejadas de la realidad y que nos pueden producir infelicidad. Si a esto le sumamos la facilidad de comunicarnos con herramientas tecnológicas, el efecto pudiera ser aún más grande, contar historias que sean verdad o que estén en la ‘posverdad’.

 

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