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Por Alfonso Ricardi – 6 de julio 2015 

Aquellos que han sido usuarios de Uber casi siempre tienen halagos al servicio: su seguridad, su atención, accesibilidad, confianza, y demás. Este servicio de taxis te da prácticamente todo (excepto un masaje) y tu puedes monitorear en cualquier momento tu servicio e inclusive tienes respuesta inmediata al expresar algún comentario o alguna inconformidad (lo cual le pasó a un conocido). 

Su “éxito”, y lo dejo entre comillas porque aún no le podemos llamar éxito total en México, se debe a que al igual que otras startups como AirBnB o TaskRabbit, Uber está basado en el concepto de la economía del compartir o como se dice en inglés, shared economy. 

Si bien ya se sabe que esta economía si funciona para empresas como las previamente citadas, para el consultor del BID, Pablo Valenti, su gran funcionamiento lanza una interesante pregunta: ¿qué pueden aprender los gobierno de estas empresas? 

El éxito de la economía compartida 

De acuerdo un artículo de Valenti, el consultor atribuye el éxito de compañías como Uber o AirBnb a la habilidad de compartir información por parte de los consumidores, así como de aprovechar activos que pueden que no estén siendo utilizados, por ejemplo, un carro que tengas estacionado todo el día o que ya no uses lo metes a Uber. 

“La premisa fundamental de estos negocios radica en la posibilidad que hoy existe de poder escuchar a los consumidores porque tienen algo importante para compartir”, escribe Valenti. “Los clientes de estas empresas comparten datos que generan valor económico, e incluso con un importante potencial social, y que tiene como contraprestación, mejores productos a más bajo costo”. 

Un gobierno Uber 

No es coincidencia que estos servicios sean muy utilizados y deseados alrededor del mundo, tanto para consumidores como para inversionistas. Con solo 2 mil empleados Uber tiene un valor estimado de 40 mil millones de dólares. Por tal razón cabe preguntarse cómo puede funcionar un esquema así en el gobierno, un esquema que aproveche los datos generados por los ciudadanos para mejorar los servicios públicos, que esté en constante contacto con los mismos, que aproveche las diversas habilidades y activos de otras dependencias, que haga más eficientes los procesos de compras o trámites; y para esto Valenti da seis soluciones basadas en la experiencia de las startups de economía compartida: 

Botes de basura que a través de sensores generen datos sobre su uso e información de llenado. A través de esto se podría mejorar la distribución de los botes y hacer más eficientes los recorridos de los camiones, de manera que se podría gastar menos gasolina y menos recurso humano. 

*  Inspecciones sanitarias mejor planificadas a restaurantes basadas en un análisis predictivo de datos ligados al consumo de energía. 

* Vehículos de dependencias gubernamentales que generen datos sobre uso y sub-uso, de modo que se puedan compartir estos activos entre las dependencias y evitar gastos extras en más vehículos o gasolina. 

* Creación de una plataforma en donde se puedan compartir distintas habilidades profesionales entre las diferentes dependencias del gobierno para resolver problemas y proporcionar soluciones. Tal y como lo menciona Valenti, un TaskRabbit adaptado a la función pública. 

* Plataformas de intercambio y gestión de la información que enlacen la oferta con el reclutamiento del personal en el ámbito público. 

* Plataformas para la vinculación de emprendimientos sociales, por ejemplo, si hay algún emprendimiento enfocado en la producción de café, esta plataforma los podría vincular con pequeños productores de café, de manera que su cadena de valor tenga un impacto social más grande. 

Mientras que suena bastante bien esta posible manera de trabajar en la función pública, las realidades de cada país son diferentes en podrían dificultar bastante la entrada o desarrollo de algún tipo de innovación pública. El reto de la economía del compartir, a mi punto de vista, es mostrarle a los gobiernos todos los beneficios que pueden tener, económicos, sociales y políticos, así como cambiar la mentalidad a una que permita y que acepte innovaciones en el sector público. 

¿Cómo crees que funcionaría el gobierno de México al estilo de Uber? 

 

 

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