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Por Alfonso Ricardi – 17 de marzo 2016 

Cuando eras niño, ¿eras capaz de explicar conceptos de biología, química, física o matemáticas a otros niños? Bueno, Mario (no es el nombre real) es un niño que ayuda a sus compañeros a aprender sobre esta materias. Las explica a otros niños en su mismo lenguaje, solo como un niño puede.

¿Por qué Mario puede hacer esto? Porque él, como otros niños están aprendiendo que las ciencias no son ni deben ser aburridas y que pueden saber mucho de éstas mientras se divierten.

Esto es lo que están logrando hacer Andrea Flores y Yessica Gaytán, fundadoras de Diverciencia, una asociación que por medio de talleres apasiona a niños en el mundo de las ciencias.

¿Por qué esperar? 

Se podría decir que Diverciencia inicia por obligación de la universidad, sin embargo la historia va más allá.

Un día Andrea se encontraba viendo en la tele una noticia de una maestra de física de primaria en China que también era astronauta, y para impartir algunas de sus clases llevaba a sus alumnos a las bases y ahí hacían experimentos con cosas muy simples. Los niños veían cómo funcionaba la gravedad y se asombraban.

Producto de ver esta noticia, Andrea empezó a pensar en por qué (en México) debemos esperar las innovaciones de otros lados.

“Por qué nosotros no hacer algo respectivo a la ciencia, por qué hay que esperar tantos años para que te puedas enamorar de la ciencia y no desde antes”, expresa.

Esto fue lo que realmente impulsó a Andrea y Yessica a impulsar la idea que habría de convertirse en Diverciencia, y de paso cumplir con los requerimientos escolares.

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Yessica (izquierda) y Andrea (derecha)

Lo difícil de iniciar un proyecto 

La idea comenzó en 2014 como un voluntariado para la carrera que ambas cursaban, en 2015 pasó a ser un servicio social, no obstante, la carrera desapareció de la universidad, y como consecuencia, todo el apoyo por parte de maestros y directivos.

Esto propició que las personas que estaban dentro con ellas se fueran saliendo porque veían muy difícil el camino o no veían una retribución para ellos.

“Nosotras siempre creímos en el proyecto y dijimos ‘vamos a seguirle, a ver hasta dónde llegamos'”, platica Yessica.

Y a pesar de que ya no podían estar afiliadas a su universidad como servicio social, Andrea y Yessica decidieron continuar con su pasión.

Entraron en una incubadora social, y en un momento en el que ambas se encontraban en una mala situación con la idea recibieron una convocatoria del IMJUVE para participar en un concurso y convertirse en una asociación civil.

Eran sus vacaciones de verano, y como Yessica bromeaba, ella ya las tenía planeadas, pero ambas sabían que tenían que moverse, ponerse activas, por lo que decidieron entrarle.

Tras semanas de capacitaciones intensas, Diverciencia fue uno de los 20 proyectos seleccionados como ganadores, y esto marcó el inicio de una nueva etapa.

“Ya no nada más nos veían como un proyectito de dos niñas que quieren hacer algo, sino que ya nos empezaban a ver enserio, no era un proyecto de ratito”, dice Yessica.

Con este logro, ambas se animaron a participar a más convocatorias en las cuales iban mejorando y dándose a conocer.

¿Cómo hacer la ciencia más divertida? 

Su nombre lo dice todo, pero no explica el proceso que utilizan para lograr transformar algo usualmente visto como tedioso en algo divertido.

En Diverciencia se hacen 10 sesiones de 3-4 horas cada una, durante cada sesión se ve la materia de biología, química, física y matemáticas, sin embargo, los talleres que dan en las sesiones son manejados como retos y experimentos.

Por ejemplo, cuando hacen el primer experimento comienzan con una lluvia de ideas para que los niños empiecen a reaccionar y hacer conexiones, además que sirve para que el facilitador evalúe el nivel de los participantes, después de esto se da inicio al experimento, por ejemplo, hacer una lámpara de lava, helado o gel antibacterial, y acaba nuevamente con una lluvia de ideas para evaluar qué tanto aprendió.

Aunado a lo anterior, se realizan dinámicas que fomentan al niño a que sepa trabajar en equipo, a ser respetuoso y a que desarrolle su pensamiento crítico.

“Para ser científico necesitas saber que hay mucha prueba y error”, explica Andrea, “y que tal vez si no te sale el color específico que era rojo y te sale morado, pues lo vuelves hacer hasta que te salga rojo y sino le explicas al niño, ves donde está su error y lo vas apoyando”.

Si bien esa es la parte divertida, previo a cada sesión se hacen juntas previas con los facilitadores para que estos conozcan el material, sepan los temas a impartir, pero también conocer el perfil de ellos, y saber con qué grupo de niños pudieran empatar mejor.

“Vemos los perfiles tanto del facilitador, como del niño y vemos de qué manera se puede complementar mejor”, dice Yessica.

10620638_792646797445391_8207458785741000644_nLos niños y la ciencia

Si bien los talleres de Diverciencia son abiertos para todos, Yessica y Andrea los enfocan principalmente para niños de primaria, de entre 6 y 12 años.

Durante esta etapa es cuando existe una mayor curiosidad por saber por qué pasan las cosas y aquí se aprovecha para darles la oportunidad de conocer qué eran las ciencias.

“Los niños crecen con la idea de que las ciencias son muy difíciles, muy tediosas”, platica Yessica. “Entonces queremos romper con ese paradigma, con esa visión, y si en su momento el niño dice sabes qué, lo mío no es la ciencia, perfecto, no pasa nada, pero ya se dio la oportunidad de conocerlas”.

Diverciencia busca algo muy claro, generar cadenas de aprendizaje y así empezar a ayudar a mejorar la educación en México.

“Creo que si un país necesita cambiar, necesita cambiar desde su educación, y si no logras hacer ese cambio nunca va a cambiar tu sociedad”, dice Andrea.

Y ambas saben que logrando pequeños cambios estos a la larga pueden convertirse en grandes transformaciones para México.

Su impacto y sostenibilidad

Una de las cuestiones que generan mayor satisfacción para Diverciencia es el cambiar la ideología, romper el paradigma que las ciencias son aburridas, y esto se ve reflejado en que los niños que participan en los cursos de Diverciencia deciden volver.

Del mismo modo, se hacen encuestas al inicio y al final de cada sesión, tanto para los niños como para los facilitadores, además se lleva registro de todas las sesiones, todo para buscar reforzar los conocimientos.

Para cumplir con esto, Diverciencia busca llegar tanto a niños de escuelas públicas como privadas, que nadie quede fuera de esta experiencia.

Se les ofrece un paquete educativo a las escuelas privadas y con lo que se recolecta es que se puede dar la oportunidad también a escuelas públicas, además de sostener económicamente los costos de operación de esta iniciativa.

3 claves del éxito

“Constancia, paciencia y amor por lo que estamos haciendo”, explica Yessica, “si uno en verdad cree en lo que estás haciendo, hasta lo imposible se vuelve posible”.

Una de sus metas es abrir diferentes capítulos de Diverciencia en otras escuelas y en otras ciudades, por lo que si te interesa apoyarlas da clic aquí.

 

 

 

 

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